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miércoles, 9 de octubre de 2013

El miedo



Quisiera decir algunas palabras acerca del miedo. Es el único adversario de la vida. Sólo el miedo puede vencer a la vida. Es un contendiente traicionero y perspicaz, y bien que lo sé. Carece de decoro, no respeta ninguna ley, ningún principio. Te ataca el punto más débíl, que siempre reconoce con una facilidad infalible. Empieza con la mente, siempre. Estás tranquilo, sereno y feliz y al poco rato el miedo, ataviado con la vestimenta de duda afable, se te cuela en la mente como un espía. La duda se encara con la incredulidad y la incredulidad trata de expulsarla. Sin embargo, la incredulidad es un mero soldado de infantería desprovisto de armas. La duda la elimina en un santiamén. Te inquietas. La razón viene a luchar por ti. Te tranquilizas. La razón está bien equipada con armas de última tecnología. No obstante, de forma asombrosa, a pesar de contar con unas tácticas superiores y un número de vistorias aplastantes, la razón se queda fuera de combate. Te sientes debilitar, flaquear. La quietud se torna terror.

El miedo entonces acomete contra el cuerpo, que ya se ha dado cuenta de que algo va horriblemente mal. Los pulmones ya han salido volando como un pájaro y las tripas se te han escurrido como una serpiente. Ahora la lengua se te cae muerta como una zarigüeya y la mandíbula empieza a galopar sin poder avanzar. Ensordeces. Los músculos te tiritan como si padecieras de malaria y las rodillas te tiemblan como si estuvieras bailando. El corazón se pone demasiado tenso y el esfínter se pone demasiado relajado. Y lo mismo ocurre con el resto del cuerpo. Cada parte de ti, de la forma que más le convenga a ella, se te desmonta. Lo único que sigue funcionando bien son los ojos. Ellos sí que le prestan la atención debida al miedo.

Te ves tomando deciciones precipitadas de forma atropellada. Despides a tus últimos aliados: la esperanza y la fe. Y ya está, tú mismo te has derrotado. El miedo, que no es más que una impresión, ha triunfado sobre ti.

La vida de Pi. Yann Martel









sábado, 23 de febrero de 2013

Abrete a la Tristeza


Siempre que te sientas triste, siéntate en silencio y deja que esa tristeza te invada; no trates de escapar de ella. Siéntete lo más triste que puedas. No la evites. Recuerda esto. Llora al máximo, tírate por el suelo, revuélcate...y deja que desaparezca por sí misma. No la expulses; se irá, porque nada permanece para siempre.

Cuando se vaya, te sentirás descargado, absolutamente aliviado, como si toda fuerza de la gravedad hubiera desaparecido y pudieras volar, sin peso alguno. Es el momento de entrar en ti mismo. Primero, ábrete a la tristeza. Corrientemente, no te abres a ella; buscas sistemas para poder fijarte en otras cosas; vas al restaurante, te reunes con amigos, lees un libro o vas al cine, o tocas la guitarra; haces algo para poder sumirte en ello y distraer tu atención.

Has de recordar esto: cuando te sientas triste, no te pierdas la oportunidad. Cierra las puertas, siéntete tan triste como puedas, como si el mundo entero fuera un infierno. Sumérgete en ella, profundiza en ella. Deja que cualquier pensamiento de tristeza te invada, deja que la emoción te agite. Y llora, gime, exprésate...en voz alta...no tienes por qué preocuparte.

En primer lugar, vive esa tristeza durante unos días, y cuando la tristeza desaparezca te sentirás muy calmado, tranquilo, como tras una tormenta. En ese momento siéntate en silencio y disfruta del silencio que está apareciendo en ti. No lo has provocado; te abriste a la tristeza. Cuando la tristeza desaparece, en ese espacio, surge el silencio. Escúchalo. Cierra tus ojos. Siéntelo...percibe su textura...su fragancia. Y si te sientes feliz, canta y baila.

Osho

Aunque este texto de Osho habla de la tristeza, se puede aplicar a cualquier emoción que estés experimentando en este momento en tu vida. Darse permiso para sentir la intensidad, abrirte a la emoción, dejar que esté ahí, dejarla que se mueva, que aumente. Sentarte con ella al igual que si fuese un hijo tuyo que está experimentando esa misma emoción y que lo único que necesita de tu parte es que le acompañes, que le des cariño, que lo escuches. La emoción es ese niño incómodo con el que no queremos estar, ese niño triste, enfadado, frustrado, perezoso, cuya compañía queremos obviar pero que lo único que reclama es atención, presencia, cariño. No necesita de nuestra parte más que comprensión. No necesita que lo analicemos, que le demos soluciones, que interpretemos lo que está sintiendo por él. Sólo necesita nuestro silencio, nuestro abrazo silencioso para calmarse.

Cuando mi hermano era pequeño solía tener episodios de terrores nocturnos. Se despertaba en medio de la noche y empezaba a llorar mirando a la pared. Mi madre se acercaba a la habitación y le cogía en brazos. Mi hermano gritaba, "míralo mama, está ahí" con los ojos abiertos aunque profundamente dormido. Al principio mi madre intentaba razonar con él, decirle que no había nada en la pared, que estaba a salvo, que ella estaba con él. Pero mi hermano seguía angustiado llorando, con miedo,  mirando fijamente a la pared. Luego mi madre simplemente le abrazaba, estaba con él, le acunaba hasta que poco a poco él se iba relajando y durmiendo de nuevo.

Nuestro niño interior dolido no necesita que razonemos con él, simplemente necesita que le escuchemos, que respetemos su sentir sin juicio, sólo necesita nuestro abrazo sentido para calmarse de nuevo. Entonces como dice Osho surge el silencio, surge la transformación.

*** La pintura que sirve de introducción a esta entrada aunque se ha atribuido en ocasiones a Gustav Klim es de una pintora francesa, Anne Marie Zylberman, y se titula "Lágrima de Oro". Todas sus pinturas, con una cierta semejanza a Klim son preciosas pero esta es una de mis favoritas.  Podéis ver más obras de esta autora si la buscáis en internet. Seguro que alguna más se dejará caer por este espacio.





viernes, 15 de febrero de 2013

Porqué lo llaman amor cuando quieren decir adicción



"Las personalidades no aman, quieren algo." Byron Katie
En las primeras etapas de muchas supuestas relaciones románticas, es bastante común que las personas representen personajes con el fin de atraer y retener a quien quiera que el ego perciba ha de ser la persona que "me dará felicidad, me hará sentir especial y satisfará todas mis necesidades".
 
"Representaré el papel de quien deseas que yo sea, y tú desempeñarás el papel de quien yo deseo que seas". Ese es el acuerdo tácito e inconsciente. Sin embargo, representar personajes implica un gran esfuerzo que no se puede mantener indefinidamente, en particular después de que se inicia la vida en común. ¿Qué queda cuando se abandonan los personajes? Infortunadamente, en la mayoría de los casos no queda todavía la verdadera esencia de ese ser sino lo que cubre la verdadera esencia: el ego desnudo privado de sus máscaras, con su cuerpo de dolor y sus frustraciones que ahora se convierten en ira dirigida principalmente contra el cónyuge o la pareja por no haber eliminado el miedo subyacente y la carencia, elementos intrínsecos del sentido egotista del ser.
 
En la mayoría de los casos, el llamado "enamoramiento" es una intensificación de los deseos y las necesidades. Nos volvemos adictos a otra persona, o mejor, a la imagen que hemos fabricado de ella. No tiene nada que ver con el verdadero amor, el cual no conoce la carencia. El español es el idioma más honesto con respecto a las nociones convencionales del amor: te quiero significa a la vez "te deseo" y "te amo", pero ésta última expresión, en la cual no hay esa ambigüedad, rara vez se utiliza, quizás porque el amor verdadero es igualmente escaso.
 
A menos que accedas a la frecuencia consciente de la presencia, todas las relaciones, y, en particular las relaciones íntimas, acabarán fracasando y siendo disfuncionales. Puede que parezcan perfectas durante un tiempo, mientras estás "enamorado", pero esa perfección se altera invariablemente a medida que van produciéndose discusiones, conflictos, insatisfacciones y violencia emocional o incluso física..., momentos de tensión que suceden con creciente frecuencia. Parece que la mayoría de las "relaciones amorosas" pasan a convertirse muy pronto en relaciones de amor/odio. En ellas, el amor puede dar paso en un abrir y cerrar de ojos a una agresividad salvaje, a sentimientos de hostilidad o a la total ausencia de afecto. Esto se considera normal. La relación oscila un tiempo, unos meses o años, entre las polaridades de "amor" y odio, y produce tanto placer como dolor. Es bastante habitual que las parejas se hagan adictas a estos ciclos.

La carga dramática hace que los miembros de la pareja se sientan vivos. Cuando se pierde el equilibrio entre lo positivo y lo negativo, y los ciclos destructivos se presentan con mayor frecuencia e intensidad - algo que acaba ocurriendo antes o después -, la relación no tarda en colapsar. 

Puede parecer que todo estaría bien y la relación florecería estupendamente si lograras eliminar los ciclos negativos o destructivos; pero eso es imposible. Las polaridades son interdependientes. No se puede tener una sin la otra. Lo positivo ya contiene en sí la semilla de lo negativo. Ambos son, de hecho, aspectos de la misma disfunción. Aquí estoy hablando de lo que suele conocerse como relaciones románticas; no del verdadero amor, que no tiene opuesto porque surge de más allá de la mente. El amor, como estado continuo, aún es muy raro y escaso, tan escaso como un ser humano consciente. No obstante, puede haber breves y elusivos vislumbres de amor cuando se producen discontinuidades en la corriente mental.

Resulta más fácil reconocer como disfuncional el lado negativo de una relación que el positivo. Y también es más fácil que veas el origen de la negatividad en tu compañero o compañera que en ti mismo. La disfuncionalidad puede manifestarse de muchas maneras: posesividad, celos, control, retraimiento y resentimiento no manifestado, necesidad de tener razón, insensibilidad y ensimismamiento, exigencias emocionales y manipulación, tendencia a discutir, criticar, juzgar, culpar o atacar, rabia y venganza inconsciente por el daño sufrido en el pasado a manos de un padre, ira y violencia física.

En el aspecto positivo, estás "enamorado" de tu compañero o compañera. Al principio, éste es un estado satisfactorio. Te sientes inmensamente vivo. Tu existencia adquiere repentinamente significado porque alguien te necesita, te quiere y te hace sentirte especial, y tú haces lo mismo por ella o él. Cuando estáis juntos, os sentís completos. El sentimiento puede llegar a ser tan intenso que el resto del mundo parezca insignificante.

No obstante, quizá te hayas dado cuenta de que esta intensidad tiene una cualidad de necesidad y apego. Te vuelves adicto a la otra persona. Él o ella actúa sobre ti como una droga. Cuando la droga está disponible te sientes muy bien, pero la posibilidad o el simple pensamiento de que esa persona pueda no estar disponible provoca celos, posesividad, intentos de manipulación mediante chantaje emocional, culpas y acusaciones; en resumen: miedo a la pérdida. Si la otra persona te abandona, ese hecho puede dar lugar a la mayor hostilidad o a la pena y a la desesperación más honda. La ternura amorosa puede convertirse en una agresividad salvaje o en un dolor horrible. Y en tal caso, ¿adónde ha ido el amor? ¿Puede el amor transformarse instantáneamente en su opuesto? ¿Fue amor lo que hubo en primer lugar o sólo un apego adictivo?

Eckhart Tolle, "El Poder del Ahora"






jueves, 31 de enero de 2013

Cuento árabe



No hay nada que "conseguir" en este mundo.

A un oasis llega un joven, toma agua, se asea y pregunta a un viejecito que se encuentra descansando: ¿Qué clase de personas hay aquí?
El anciano le pregunta: ¿Qué clase de gente había en el lugar de donde tú vienes?

"Oh, un grupo de egoístas y malvados" replicó el joven.
"Estoy encantado de haberme ido de allí".

A lo cual el anciano comentó: "Lo mismo habrás de encontrar aquí".
Ese mismo día, otro joven se acercó a beber agua al oasis, y viendo al anciano, preguntó:
¿Qué clase de personas viven en este lugar?
El viejo respondió con la misma pregunta: ¿Qué clase de personas viven en el lugar de donde tú vienes?
"Un magnífico grupo de personas, honestas, amigables, hospitalarias, me duele mucho haberlos dejado".
"Lo mismo encontrarás tú aquí", respondió el anciano.

Un hombre que había escuchado ambas conversaciones le preguntó al viejo:
¿Cómo es posible dar dos respuestas tan diferentes a la misma pregunta?

A lo cuál el viejo contestó:
Cada uno lleva en su corazón el medio ambiente donde vive. Aquel que no encontró nada bueno en los lugares donde estuvo no podrá encontrar otra cosa aquí. Aquel que encontró amigos allá podrá encontrar amigos acá.

No hay amor que "conseguir" en el mundo. El mundo es tan neutral como un espejo; todo lo que vemos en él es lo que nosotros ponemos ante él. Si intentamos "conseguir" amor de este mundo, nos iremos sumergiendo cada vez más en una experiencia de carencia y de falta de amor. Cuando de verdad integramos que no hay nada en el mundo que podamos conseguir y que, por el contrario, somos nosotros los que tenemos que aportar el amor incondicional a nuestra experiencia del mundo, será cuando cruzaremos el puente que nos lleve a una nueva experiencia vital, una experiencia vital mucho más profunda. Entonces habremos aprendido el secreto de la experiencia del amor incondicional, que consiste en que somos nosotros los que tenemos que dar ese amor incondicional. ¿Por qué? Porque, en nuestra experiencia, somos los únicos que podemos hacerlo. Somos al ciento por ciento responsables de la calidad de todas nuestras experiencias.

"El proceso de la presencia"

"Pedir amor a otro es negar que lo tienes, lo mires como lo mires" Jorge Lomar






lunes, 28 de enero de 2013

Ama lo imperfecto y lo verás perfecto



"Ama lo imperfecto y lo verás perfecto"

Hay personas que para pedir cariño se enfadan para llamar la atención y así ser atendidas, por lo que también hay un punto de manipulación desde el enfado. Lo contradictorio es que a la vez que les gustaría recibir ese cariño, con su comportamiento alejan a las personas que más quieren. En el fondo actúan así porque es tanto el miedo y tanto el dolor que hay detrás, que la rabia aparece para taparlo, porque creen que sintiendo desde la rabia se protegen de ser vulnerables, cuando en el fondo, nuestra mayor protección es el Amor. Cuando de verdad te amas a ti mismo, y estás en comunión con el Universo y aceptas la vida tal y como es, cuando renuncias al deseo de que los demás cambien y sólo te enfocas en tu propio cambio personal, el mundo empieza a ser un lugar más seguro del que no necesitas protegerte, y sólo lo quieres amar. "Ama lo imperfecto y lo verás perfecto". 


Cristina Cáceres







miércoles, 16 de enero de 2013

Tómate a la ligera



"Los ángeles pueden volar porque se toman a si mismos a la ligera" G. K. Chesterton
 
Creo que le damos demasiada importancia a todo, somos demasiado pesados, lo que nos mantiene apegados a nuestras circunstancias y nos impide elevarnos y verlas desde una perspectiva superior que podría ayudarnos mucho más.

A nuestro ego, el "yo miedoso", le encanta darse importancia y darle importancia a todo lo que siente, hace, dice, escucha o a lo que los demás hacen, sienten o dicen..

Hoy durante el día obsérvate y mira como te sientes, si te sientes pesado pregúntate que es lo que necesitas soltar en este momento para sentirme un poco mas ligero. ¿A que me estoy aferrando? Y toma la decisión de soltarlo. No te preocupes, no se trata de soltar nada externo, lo único que nos pesa son nuestros juicios, pensamientos negativos, resistencias. Todo lo que necesitas soltar en cualquier momento es un pensamiento de conflicto sobre ti, sobre los demas o sobre el mundo. 

Así que a lo largo del día es importante recordarse que no hay que olvidarse de reír. La risa es la emoción más cercana a la alegría y por lo tanto a nuestra verdadera esencia.

Recuerda que tienes alas...y tómate a la ligera. :)

Una de las formas de soltar que más me gusta es a través de la música y el baile así que aquí os dejo con dos canciones que me ponen las pilas y con la compañía de unos ángeles muy seductores. 









martes, 18 de diciembre de 2012

¡Qué vivan las mujeres!



"Dicen que todo lo que nosotros estamos buscando, también nos busca a nosotros y que, si nos quedamos quietos nos encontrará. Es algo que lleva mucho tiempo esperándonos. En cuanto llegue, no te muevas. Descansa. Ya verás lo que ocurre a continuación".

"Deseo que hoy experimentes paz dentro de ti, que confíes que te encuentras exactamente donde debes estar, que no olvides las posibilidades infinitas que nacen de la confianza en ti misma y en otras/os, que utilices los dones que has recibido y que transmitas a otras/os el amor que se te ha dado.

Deseo que estés feliz contigo misma por lo que eres.

Deja esta sabiduría asentarse en tus huesos y deja a tu alma cantar, bailar y amar libremente. Está ahí para cada una de nosotras".

Espero que mis abrazos y gestos de gratitud y amor te recuerden lo especial que eres.

Clarissa Pinkola, "Mujeres que corren con los lobos"



Y una canción que me encanta, "She".



Y otra preciosidad en versión bossa nova,



Gracias a todas mis mujeres, a las de mi familia, a mis amigas, a las seguidoras de este blog. Creo que si este grupo de mujeres estuviera en una habitación juntas, nada sería imposible. GRACIAS.

*** Gracias Raquel por compartir conmigo este texto, tú eres una de "mis mujeres". :)





lunes, 18 de junio de 2012

Sentir

En el libro de Albert Espinosa, "El mundo amarillo", hay un capítulo que se titula “No existe la palabra dolor”. Dice así: 

“¿Y si las inyecciones no duelen? ¿Y si en realidad reaccionamos al dolor tal como nos enseñan las películas sin percatarnos de si en realidad sentimos dolor? ¿Y si en realidad el dolor no existiese? David, gran pelón, del que poseo el 0,6% de su vida.

Cuando le oí decir que el dolor podía desaparecer simplemente por poner en duda que existiese me pareció una inmensa tontería y cuando me hablaba del umbral del dolor, entonces ya no entendía nada.
Fue aquel día cuando comprendí que dolor es una palabra que no tiene ningún valor práctico; al igual que el miedo. Son palabras que asustan, que provocan dolor y miedo. Pero en realidad, cuando no existe la palabra, no existe la esencia de lo que quieren significar.

Pienso que lo mismo que Albert aplica al dolor podría aplicarse a cualquier palabra y concepto como el miedo, la tristeza y no sólo las palabras que aparentemente llamamos negativas, sino quizás incluso las positivas como alegría, risa, etc.

Es cierto que las palabras están cargadas emocionalmente como fruto de nuestras experiencias vitales, lo que hace que no signifiquen ni provoquen lo mismo en una persona que en otra; como fruto del inconsciente colectivo que no es más que la suma de “varias mentes” y el condicionamiento.

Una simple palabra como “miedo” genera automáticamente una emoción asociada que hemos denominado de esta manera. O alegría, también genera una emoción con la que ha sido cargada durante años.

Cuando sentimos una emoción, que no es más que energía vibrando a una frecuencia determinada, y además le añadimos una palabra que también está cargada emocionalmente, ¿no le estamos añadiendo energía emocional a la que ya teníamos? ¿Nos ayuda entonces el nombrar las emociones al trabajar con ellas?

Al igual que comenta Albert en su libro, y si al sentir una determinada emoción, vibración energética, fuésemos capaces de verla sin nombrarla, es decir sin añadir en la ecuación como él dice un término que la defina y le añada energía emocional a la propia emoción. ¿Qué pasaría con la emoción si simplemente la sintiésemos sin nombrarla? Supongo que esto es lo que les pasa a los niños dado que hasta que no empieza el proceso de acondicionamiento no tienen la capacidad de añadir a la ecuación un factor, el nombre, que desconocen. Quizás en esta situación esté parte de la razón del porqué los niños no suelen apegarse a sus emociones…

Algo que he observado en mí misma y en la gente de mí alrededor o mis clientes es el miedo que le tenemos al sentir. Somos capaces de hacer cualquier cosa para escapar de emociones que no nos gustan o que no nos permitimos experimentar. No nos damos cuenta de que al reprimirlas o esconderlas las seguimos llevando con nosotros y a la vuelta de la esquina volverán a salir a la superficie de nuevo. 

No sólo nos cuesta estar en el sentir de aquellas emociones que denominamos negativas, también nos cuesta estar presentes con aquellas como el amor o la alegría o el reconocimiento. 

Últimamente y a raíz de lo que comento en el principio de la entrada me he dado cuenta que la razón de que nos cueste sentir, es decir estar presente con la emoción, es que al nombrarla automáticamente estamos llamando a la historia asociada a esa emoción. De hecho la emoción sin la historia asociada no es nada, simple humo. Tenemos miedo de sentir porqué nos hemos acostumbrado a "sentir la historia" no la emoción.

Es decir cuando la emoción aparece, le buscamos rápidamente una explicación, una razón de existir, algo que nos valide la emoción sin darnos cuenta que con este simple paso le estamos dando realidad, la estamos atando a nosotros. 

La historia asociada a la emoción nos dice que si nos damos el permiso de estar con ella, de simplemente sentirla totalmente abriéndonos a experimentarla, nos sumiremos en un pozo de dolor o sufrimiento. Pero eso es sólo una historia, un cuento que nos contamos y que como niños pequeños nos seguimos creyendo.

Hoy te propongo que la próxima vez que sientas una emoción del tipo que sea simplemente te digas a ti mismo "Siento", sin adjetivos, sin aditamentos, sin juicio o historia asociada. Como dice el Curso de Milagros, "Nunca estoy disgustado por la razón que creo", así que olvídate de tu lógica o de tu razón que te dicen que tú sabes el porqué de lo que estás experimentando. ¡Eso no es más que la historia que quiere que la sigas alimentando ya que si no lo haces, morirá! Después de decirte internamente "Siento", respira profúndamente y déjate llevar por esa emoción hasta el fondo, sin resistencia. Aunque sea sólo por un minuto, permite que esa energía te llene y te traspase.

Sé que sentir nos da miedo, yo soy la primera que lo he evitado de miles de maneras, pero te aseguro que lo que da miedo no es el sentir, es la historia que asociamos a la emoción que la justifica y la hace real.

Cuando nos permitimos sentir la emoción, sin sentir la historia asociada, nos damos cuenta de que eso a lo que tanto le temíamos no es nada, lo soltamos y nos sentimos libres. Ya no tenemos que seguir cargando con ese lastre.

El otro día uno de mis clientes me regaló una de las sesiones más bonitas que he tenido. Decía que se sentía pequeño, que siempre se comparaba con los demás para salir perdiendo. Evitaba ese sentirse pequeño y realmente había conseguido muchas cosas en su vida para evitar esa sensación. Nadie que le conociese diría que ese era su sentimiento o que tuviese motivos para sentirlo. Se podría decir que es un empresario de éxito. 

Las emociones ciertamente pueden ser un motivador, pero si la raíz está podrida, el árbol no florecerá. Todo lo que había hecho para no sentirse pequeño no había conseguido acallar esa voz. Así que le propuse sentirse pequeño durante cinco minutos, sin resistencia, sin historia, simplemente sentir la emoción. Decirle a ese sentimiento: "Aquí estoy, me rindo". Y empezó la sesión. Yo le observaba como su cuerpo se iba doblando, ciertamente haciéndose pequeño, empezó a esconderse detrás de las manos. En su rostro no había dolor, era como si se volviese niño. Y apareció la vulnerabilidad y le reté a sentirla en ese espacio seguro. Y empezó a llorar, no podía parar de llorar y al mismo tiempo sonreía mientras me decía: Iciar, hay ternura, debajo de ese sentimiento hay ternura. Nunca había experimentado eso hacia mí mismo. Hay ternura, y seguía llorando de alegría.

Cuando nos permitimos sentir y soltamos esa emoción siempre caemos en lo que somos que es amor, ternura, alegría, paz. Ese es para mi el gran regalo del sentir, devolvernos a lo que somos.

© Iciar Piera Iglesias 







martes, 24 de enero de 2012

You Are So Beautiful



A veces nos invade una sensación de tristeza que no logramos controlar.

Percibimos que el instante mágico de aquel día pasó y que nada hicimos. Entonces, la vida esconde su magia y su arte.

Tenemos que escuchar al niño que fuimos un día y que todavía existe dentro de nosotros. Ese niño entiende de momentos mágicos. Podemos reprimir su llanto, pero no podemos acallar su voz. Ese niño que fuimos un día continúa presente.

Bienaventurados los pequeños, porque de ellos es el Reino de los Cielos.

Si no nacemos de nuevo, si no volvemos a mirar la vida con la inocencia y el entusiasmo de la infancia, no tiene sentido seguir viviendo.

Existen muchas maneras de suicidarse. Los que tratan de matar el cuerpo ofenden la ley de Dios. Los que tratan de matar el alma también ofenden la ley de Dios, aunque su crimen sea menos visible a los ojos del hombre.

Prestemos atención a lo que nos dice el niño que tenemos guardado en el pecho. No nos avergoncemos por causa de él. No dejemos que sufra miedo, porque está solo y casi nunca se le escucha.

Permitamos que tome un poco las riendas de nuestra existencia. Ese niño sabe que un día es diferente a otro.

Hagamos que se vuelva a sentir amado. Hagamos que se sienta bien, aunque eso signifique obrar de una manera a la que no estamos acostumbrados, aunque parezca estupidez a los ojos de los demás.

Recuerden que la sabiduría de los hombres es locura ante Dios. Si escuchamos al niño que tenemos en el alma, nuestros ojos volverán a brillar.

Si no perdemos el contacto con ese niño, no perderemos el contacto con la vida....

Paulo Coelho