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jueves, 19 de septiembre de 2013

Si estás esperando una señal...


"Si ese nuevo trabajo o cambio profesional que deseas tan intensamente no ocurre a inmediato, no desesperes, la necesaria confluencia de circunstancias puede tardar algún tiempo en materializarse. No olvides que detrás de cada cosa existe un plan celestial.

Para ti, la construcción de tu nueva vida no ha terminado. Tampoco has tenido suficiente tiempo, desde la última etapa de tu antigua vida para comprender por completo los cambios que estás viviendo actualmente. Este no sería el momento adecuado para hacer cambios significativos en tu vida profesional. En justicia debo decirte que no estás aún preparada, y eso retrasaría tu progreso y tu crecimiento personal, en lugar de propiciarlos.

Confía en que nosotros conocemos los deseos que hay en tu corazón. Estamos trabajando en ti y en tus nuevas circunstancias de la mejor forma posible. Es unos pocos meses estarás en condiciones de comprenderte a ti misma más profundamente y tendrás una conciencia más clara de lo que deberás hacer en tu nueva vida. Hasta que llegue ese momento mantén tu mente abierta y continúa leyendo y aprendiendo sobre aquellos temas que más te interesan. No importa que lo que estudies no sea útil en tu vida presente, si de verdad te interesa la alegría de aprender esas cosas es el mapa que te conducirá hacia tu nueva vida profesional."

Doreen Virtue

Esta semana limpiando libretas me encontré con este mensaje que vino a mi cuando pregunté, ya bastante enfadada, por un cambio profesional: "¿Qué es lo que se supone que tengo que hacer?". En aquel momento la respuesta aunque la sentí como propia no hizo que me sintiese mejor ya que implicaba paciencia y confianza, dos de las cualidades que más se nos suelen resistir en nuestro camino de vida. ¡Por lo menos a mí! 

Seguir la guía del Espíritu no siempre es fácil, implica soltar el control y rendirse a una sabiduría más profunda. Todos sabemos que las cosas suceden a su debido tiempo, pero todos queremos que eso sea ya!!! Al igual que un niño que quiere jugar con las tijeras porque desconoce cuál es el riesgo que entraña, nosotros de la misma forma pataleamos como niños asustados cuando nuestros deseos no se ven satisfechos de inmediato. Y nos sentimos desamparados, tristes y abandonados...

Al leer ahora este texto no puedo dejar de sonreír, asentir con gratitud y reconocer que todo lo que me decían era totalmente cierto. Y agradezco de corazón haber seguido a mi guía a pesar de que no siempre ha sido sencillo transitar por la incertidumbre, el miedo y la inseguridad.  Hoy reconozco que todo ello era necesario y que como bien decían "no estaba preparada". Ahora lo sé. 

La rendición supone una confianza total en el Ser. Cuando decimos "Hágase tu voluntad" la mayoría de la veces no nos damos cuenta de que lo que en realidad estamos diciendo es "Hágase tu voluntad...pero que coincida con la mía" ;)

Hoy he sentido que tenía que compartir este texto. Quizás alguien llegué a él por "casualidad" de la misma forma que yo lo hice. Si es así, solo puedo decirte una cosa: confía...

Os dejo con este vídeo de Rob Bell donde habla de esto mismo. Espero que os guste:


 








lunes, 16 de septiembre de 2013

Estar perdido


El problema no es estar perdido, el problema surge cuando no quieres estarlo y lo estás. Entonces surge un conflicto, surge una brecha, un vacío que intentas llenar. Es la resistencia a estar en ese espacio la que convierte la experiencia en algo negativo. Ábrete a la experiencia de estar perdido, no te resistas y deja que ella te muestre el camino de vuelta a la paz. ¿Cuál es el propósito de esta experiencia? ¿Qué tiene para mostrarme?

Estar perdido es la puerta a tu verdadera esencia. No la encontrarás mientras transites por caminos conocidos. Al igual que no se requiere la misma atención cuando conduces por una autopista que por una carretera comarcal, de la misma forma abandonar la comodidad de lo conocido te impulsará a estar más atento, más alerta, más consciente. Estar perdido es abandonar toda referencia, todo punto de apoyo, todo sostén y confiar en lo único que puede aportarte verdadero sustento y apoyo, tú mismo. No el tú mismo que se siente perdido, sino la parte de ti que sabe que por primera vez en tu vida no lo estás. Así que abraza esta experiencia y deja que te guie. No quieras cambiarla, es un regalo. El regalo de ver algo por primera vez. Es la curiosidad en los ojos de un niño, un ¡guau!, un aleteo en el alma.

"Si te quitamos todo lo demás, si te despojamos de deseos, impulsos y motivaciones, al final sólo te quedarás tú. Y tendrás que buscar en ti eso que buscas fuera. Y verás que todo estaba en ti. Todo lo que creías que necesitabas no era más que una distracción para no mirar en el lugar donde siempre ha estado lo que buscas, dentro de ti. Esta situación te lleva al encuentro contigo mismo, tú único maestro." 









martes, 5 de marzo de 2013

El oceano y las olas...

No somos islas, somos el oceano movido por las tempestades de la vida y por la luz de las estrellas. Paulo Coelho.

La semana pasada me hicieron llegar estas dos charlas y una entrevista a Jeff Foster que creo guardan relación así que he decidido compartirlas juntas en una misma entrada. Esta es una entrada un poco más larga de lo habitual pero creo que el esfuerzo merece la pena. ;) Espero que lo disfrutéis y GRACIAS por seguir este espacio y por vuestros mensajes cariñosos sobre el mismo.

En la introducción de tu nuevo libro, "La Aceptación Profunda", comienzas, Jeff, con una declaración sumamente fuerte. Una declaración realmente fuerte y definitiva y quiero empezar nuestra conversación con esto. Aquí está lo que escribiste: "Yo enseño una cosa, y sólo una cosa: una profunda y valiente aceptación de todo aquello que se ponga en tu camino." Así que para comenzar con esto, es una fuerte declaración... escribir estas palabras: "Yo enseño una cosa y sólo una cosa." 

Jeff Foster: Si, bueno tú sabes, esto que enseño es realmente un mensaje radical. Yo diría que no es precisamente para los débiles de corazón. Diría que se trata de un problema fundamental de la humanidad, si pudiéramos llamarlo así. Y es que, hasta cierto punto, le tenemos mucho miedo a la vida o nos hemos vuelto temerosos a la vida, tenemos miedo a vivir. Pasamos mucho de nuestro tiempo, al parecer, apartándonos de la vida, apartándonos de nosotros mismos; apartándonos del dolor, apartándonos del miedo, apartándonos de la tristeza, apartándonos de la duda. Y yo diría que, si tuviera que resumir todo lo que tengo para enseñar es, ¡parar!. Dejar de apartarnos. Y quedarnos con la vida y voltear hacia la vida si es que se puede. 

Enfrentar aquello que está frente a nosotros. Finalmente, aprender a conocerla como si fueras tú mismo. Muy a menudo se siente como si la vida estuviera de alguna forma en contra de nosotros, ¿sabes? o como si la vida nos estuviera haciendo algo, o que la vida va mal, o que la vida no está de nuestro lado.

Mi invitación es: parar y mirar aquello que está realmente aquí. Sal de esa historia de tu vida —la vida es esto, la vida es aquello, o esto está mal, o aquello no está bien, esto es lo que pasará, aquello es lo que pasará. Simple y amablemente regresa a lo que realmente está aquí. Yo hablo acerca de la constante invitación que la vida nos hace. Veo la vida como una constante invitación a simplemente regresar a casa, en cierto sentido, regresar a lo que está frente a ti, porque eso es realmente todo con lo que estás lidiando, a pesar de que a veces parezca que hay mucho más. Sólo enfrenta esto que está aquí.

TS: Ahora, esta idea de enfrentar lo que hay aquí, una profunda y valiente aceptación de todo aquello que se ponga en tu camino —pero, sabes, obviamente, que hay cosas realmente difíciles que se van presentando en el camino de la gente. Y mientras nos hablas yo me imagino algunas de esas cosas realmente difíciles y quizás alguien diga, "¿Cómo aceptar realmente y sin temor, y cómo voltear a ver este gran dolor como el de haber perdido un hijo o cualquier otra cosa que parezca insoportable?"

JF: Eso es muy cierto. Sabemos que la vida puede ponerse realmente difícil y que somos confrontados con esas olas. En el libro hablo mucho acerca de esas olas en el océano que tú eres. Si te ves a ti mismo como ese vasto océano, todas esas olas aparecen siempre —pensamientos, sensaciones, sentimientos— todas estas son las olas que aparecen en ti. 

Como tú dices, absolutamente, muchas veces las olas se pueden llegar a poner muy difíciles. Son grandes olas: olas de temor, olas de dolor, olas de tristeza, olas de dudas, olas de alegría, olas de felicidad. Lo que quiero decir es que todo ya está permitido en ti. Ya sabes, todo, esencialmente; lo que eres es ese espacio para todo ello. Pero como dices, algunas veces las olas se pueden poner muy intensas y la verdad es que normalmente no sabemos qué hacer con ellas.

A pesar de todo lo que hemos aprendido, a pesar de toda nuestra evolución espiritual, de todas las experiencias que hemos tenido y todas las reflexiones que hemos hecho y todos los despertares que hemos tenido, aún, a veces, esas olas aparecen como avalanchas demasiado intensas de dolor, como dices.

TS: O como un tsunami, digamos.

JF: Si, como un tsunami.

TS: Alguien que está experimentando algo así. No sólo una ola sino algo más parecido a "¡Oh dios mío, esto me va a destrozar!" 

JF: Si, si. Y esto le pasa hasta al más experto. Les sucede a las personas supuestamente más despiertas e iluminadas. Nadie es inmune a esos tsunamis. Eso es parte de la invitación, aunque sabes, un buen punto de inicio es ser realmente honesto acerca de este asunto. "Este tsunami está surgiendo, este tsunami de dolor, de miedo y, en este momento, no sé qué hacer con él". Este puede ser un maravilloso comienzo. En lugar de meterse en toda esa historia quejosa de "No sé qué hacer con esto," y "¿Qué estoy haciendo mal, porqué no puedo resolverlo? y "Esto me va a destrozar" y ya sabes, todas esas historias que nos contamos. Regresas realmente a la verdad de ese momento —que podría ser, en ese momento, podría ser "No sé realmente cómo enfrentar esto." 

A menudo digo que se ha hablado mucho acerca de la resistencia; muchas de las enseñanzas espirituales hablan acerca de la resistencia y de cómo siempre estamos resistiéndonos al momento y que deberíamos dejar de hacerlo; que nos resistimos al dolor, que nos resistimos al miedo y que deberíamos parar. Lo que pienso es que quizás sea más verdadero decir que nadie está resistiéndose activamente a su temor. Nadie está activamente resistiéndose al dolor. Tal vez sea más preciso decir que simplemente no sabemos cómo estar con nuestro dolor. Y no sabemos cómo convivir con nuestros temores. No es que nos estemos resistiendo. Más bien es que no sabemos cómo sentarnos con ellos, cómo estar con ellos.

Posiblemente se deba a que nadie nunca nos enseñó cómo sentarnos con el dolor, cómo estar con él. Se nos enseñó, desde muy pequeños, a no sentir demasiado esas cosas. Nos enseñaron que la tristeza es mala, que el miedo es malo o que el enojo no es bueno. Así que invertimos mucho de nuestro tiempo huyendo de esos sentimientos, porque realmente, ¿quién nos enseño, quién nos tomó de la mano en medio de nuestro dolor, en medio de nuestras penas, en medio de nuestras dudas? ¿Quién se sentó con nosotros y nos tomó de la mano y por un momento no intentó componernos o cambiarnos o llevarnos hacia un sitio diferente?

A mí me parece que realmente hemos olvidado, o quizás nunca supimos cómo convivir con esas olas gigantes. Y como dije antes, podría ser un precioso inicio simplemente admitir tu inocencia, en cierto sentido, admitir con completa humildad —"Realmente, no sé cómo estar con esto"— y empezar desde ahí.

TS: Ahora, qué le dirías a una persona que dice "No sé como estar con esto que es tan abrumador, sea lo que sea , ya sea miedo o alguna otra cosa, debido a que es muy intenso. Simplemente parece que hay aquí demasiada intensidad." A veces la gente dice, "Si me permito realmente sentir esto voy a empezar a llorar" y luego dicen "Si empiezo a llorar, no voy a terminar de hacerlo". Así que ¿qué le dirías a esa persona que siente miedo a la intensidad? 

JF: Eso es muy cierto. ¿Sabes? Normalmente digo "No creo que nos asuste tanto la muerte, pienso que nadie le teme realmente a la muerte, pienso mas bien que estamos muy atemorizados de la vida. Tenemos miedo de la intensidad de la vida, porque como dijiste, se puede poner muy intensa. Y ciertamente en estos cinco, seis años en que he estado viajando alrededor del mundo, hablando con la gente y realmente profundizando en todo esto con ellos, escucho con frecuencia eso. Dicen "Jeff, temo mucho que si permito tan sólo un momento este dolor, si realmente lo permito, si lo dejo libre, si no me resisto a él, si tan sólo dejo de huir de él por un momento, temo que se arraigue en mí. Que nunca se vaya. Esto me destruiría".

Es decir, aquí estamos hablando de miedos fundamentales. Temer ser destruido por esa ola. Que esta ola me aniquile, que esta ola me destruya, tú sabes. Esta ola, simplemente es más grande que yo. Me convertiré en algo "diferente". Hay demasiados temores alrededor de eso. Entonces, es aquí donde llegamos al mensaje principal de mi libro, que es "la aceptación profunda," porque siempre se trata de eso: "Bien, y ¿cómo acepto?" Cuando todo sale como quieres, cuando las olas son hermosas y tranquilas, cuando el día está soleado en el océano y las olas son suaves, parece muy fácil aceptar el momento presente. (Pero) cuando las olas se tornan intensas y surge el tsunami, la pregunta es "Bueno, ¿cómo voy a aceptar esto?"

Entonces tratamos de aceptar esos tsunamis. Esto es lo que digo en el libro. Hay mucha gente por ahí que conozco que está tratando de aceptar ese momento. Están intentando decirle "Si" a este momento. Hay muchos intentos. Tratamos de aceptar los tsunamis pero debido a nuestros temores y a la intensidad del momento, simplemente nos sentimos incapaces de aceptarlos. Nos sentimos incapaces de permitir. Así que nos enfrentamos con el tsunami y, en el momento, nuestra propia incapacidad para aceptarlo —nuestra propia incapacidad hace que fallemos en aceptarlo. Entonces eso se convierte en la verdad de ese momento, que hay ese gran tsunami y que hay, en ese momento, un sentido de limitación para enfrentarlo.

Lo que digo en el libro es que realmente no es que tú estés fallando. Eso no es una muestra real de tu fracaso; el hecho de haberte sentido incapaz de aceptar ese momento. Aquí hay una verdad mucho más profunda. Es la razón por la cual hablo de una aceptación profunda. Hablo acerca de la aceptación no como algo que hacemos, lo que digo en el libro es que la verdadera aceptación es lo que ya somos. Es tu otro nombre. Aceptación es otro nombre para lo que tú eres. La paz, el descanso y la libertad y todas esas cosas buenas que estamos buscando no son cosas por las que se pueda hacer algo para conseguirlas, es más una cuestión de recordar que estás hecho de eso. Fuiste hecho como aceptación. Esa es tu verdadera naturaleza. 

TS: ¿Puedes ahora explicarnos esto un poco más? No estoy segura de estarte entendiendo muy bien, con exactitud. Dices que lo que somos es aceptación, pero vemos que mucha gente no parece estar precisamente aceptando.

JF: Es muy cierto. Aceptación es lo que somos. Así fue como fuimos construidos y eso es lo que olvidamos. Diría yo que quizás este es el problema de la humanidad y todo el conflicto, todo el sufrimiento, toda la violencia y todas las conductas destructivas surgen de ese olvido acerca de lo que somos. 

Entonces, si lo pensamos bien, esta sería la forma más fácil de explicarlo. Si alguna vez te has puesto a meditar, estás ahí sentado observando cómo los pensamientos vienen y van; tal vez observes cómo las sensaciones surgen y desaparecen, y entonces empiezas a darte cuenta de que tal vez no seas tú quien creías ser porque si los pensamientos vienen y van, entonces estos no pueden realmente definir lo que eres porque lo que realmente eres en tu esencia no puede venir y desaparecer. No puede llegar e irse. No podría aparecer y desaparecer. Lo que realmente eres, es siempre, siempre está aquí. Siempre está presente. Creo que todo el mundo tiene ese sentido básico de estar aquí, de existir ahora, en este momento. Podemos dudar de todo, de todo lo que nos han dicho, de todo lo que nos han enseñado, excepto del hecho de que existimos en este preciso momento.

Hay un claro sentido de estar aquí. En realidad no importa en dónde estemos. No se trata de estar aquí o estar allá, sino de Ser en donde estemos. En cualquier parte del mundo donde nos encontremos, es Ser donde estemos. Todos tienen ese sentido y es a lo que llamo el océano, el océano de la consciencia, el océano consciente.

Así que te pones a meditar, te das cuenta de que los pensamientos vienen y van, que los sentimientos vienen y van, que las sensaciones vienen y van y empiezas realmente a darte cuenta que lo que en verdad eres no pueden ser esos pensamientos. Lo que yo soy no pueden ser esos sentimientos, lo que soy, en mi esencia, no pueden ser las sensaciones debido a que todas ellas van y vienen. Empiezas a hacerte consciente de que hay algo aquí que no va ni viene, que está siempre presente, este océano que eres —así es como lo llamo: el océano de lo que eres. Entonces, empiezas a advertir que dentro del océano que eres, dentro de ese amplísimo, siempre presente espacio que eres, todas las olas de la vida están siempre apareciendo y desapareciendo. Los pensamientos van y vienen. Las sensaciones llegan y se van. Todas las olas surgen y se disuelven en el océano que eres. Lo que tú eres siempre está ahí.

Así que cuando hablo de aceptación, lo hago desde un punto de vista diferente, tal vez, a como estuvimos acostumbrados a utilizar la palabra. Entonces, aceptación no se trata de yo (llevando a cabo) la aceptación: "tengo que aceptar este momento, tengo que aceptar mi miedo o tengo que aceptar este dolor". Se podría decir que en un nivel mucho más profundo, ese océano que eres ya ha aceptado o permitido desde un principio esas olas. Cualquier ola que surja en el océano de ti ha sido, en cierto modo, ya aceptada. Ya ha sido aceptada porque está apareciendo, porque está aquí. Entonces, si está apareciendo un pensamiento, significa a nivel más profundo, que el océano que eres, ya aceptó ese pensamiento.

Si hay una sensación apareciendo en este momento, significa que el océano que ya eres está aceptando esa sensación. Está permitiendo ese sentimiento. Está permitiendo esta tristeza. Está permitiendo este dolor. Está permitiendo esta alegría. Si está surgiendo una ola en ti, significa, básicamente, que aquello que tú eres le ha dado el Si en cierto sentido. Y en cierto sentido, lo que tú eres ha dicho Si a este momento, exactamente como es. Así que esos pensamientos, esas sensaciones, esos sentimientos, incluso esa duda o esa confusión o ese dolor que aparece en este momento —a un nivel más profundo, lo que tú eres, ya lo está permitiendo, lo que tú eres ya lo está aceptando, lo que eres ya ha dicho que Si a ello. Entonces, aunque a un nivel superficial, algo parezca inaceptable para ti, para la mente, para el pensamiento, tu pensamiento podría decir: "esta tristeza no debería estar aquí" o podría decir, "esto es demasiada tristeza." O un pensamiento incluso podría decir, "esta tristeza no es suficiente", porque el pensamiento siempre está comparando y en el fondo, ese océano que eres ya está permitiendo esa tristeza. 

Esa tristeza ya ha sido bienvenida en ti, por eso está ahí. Claro, en cierto modo, esto está en contra de nuestro sentido común por como fuimos enseñados y podría parecer, sobre todo cuando se escucha por primera vez, podría parecer una locura o sonar muy confuso. Pero realmente, no es algo que tú crees, es algo que empiezas a notar dentro de tu propia experiencia. Es como cuando la vida se convierte en una meditación constante, y te das cuenta de los pensamientos, de las sensaciones, de los sentimientos y empiezas también a notar a un nivel más profundo, que cualquier cosa que surja en este momento, incluso si se trata de algo muy intenso, que básicamente no es tu enemigo.

Pienso que este es el punto más importante, que si la tristeza está surgiendo en ti, aunque sea demasiado intensa, no se trata de un enemigo. Ninguna ola puede estar en contra del océano. Eso ya ha sido aceptado en ti. Entonces, lo que diría es que la vida es esa constante invitación a recordar esta naturaleza ya aceptada de experiencia presente. Así es como vemos que la aceptación no es algo que tú haces. No se trata de "ya acepté este momento" o "no acepto este momento". Es notar a un nivel más profundo que este momento ya ha sido aceptado. A eso es a lo que me refiero cuando hablo de aceptación profunda. Es una aceptación que va más allá del "yo acepto" y del "yo no acepto".

En cierto modo, es rendirse completamente a la vida. Es una total rendición. Es como reconocer tu total humildad ante la vida. Pero no es un sitio de impotencia ni pasividad. Diría yo que es completamente lo opuesto, porque se trata de descubrir ese "Si" de la vida que incluye todo. Es un "Si" a cada momento, pero no como algo por lo que tienes que luchar para lograr. No se trata de luchar para lograr decir "Si", porque eso resultaría muy cansado, pienso, tratar de aceptar este momento aunque el momento sea muy difícil. Tratamos y tratamos y tratamos de aceptarlo. Puede resultar exhaustivo, tratar de aceptar este momento. 

Pero incluso ese estar exhausto es parte de la invitación, darte cuenta, darte por vencido en ese intento de aceptar e identificar que en el fondo este momento ya fue permitido. Esos pensamientos, esas sensaciones, esos sentimientos, esas olas de experiencia ya han llegado, entonces, es demasiado tarde como para luchar contra ellos. Es demasiado tarde para aceptarlos y es ya demasiado tarde para evitarlos porque ya están aquí. 

TS: Sería correcto decir, Jeff, utilizando esta metáfora de las olas y del océano —desde una perspectiva práctica y desde este punto de vista— que si alguien se siente muy identificado con algún tipo de ola demasiado intensa de experiencia que parece muy difícil o abrumadora, que si cambian su atención hacia la naturaleza oceánica de esa experiencia, ¿eso permitirá generar ese espacio necesario para el reconocimiento de la aceptación? ¿Qué opinas de esto? Sentirse el océano en lugar de identificarse con la ola.

JF: Bueno, eso es verdad. Se trata de que recordemos nuestra verdadera identidad como ese vasto, espacioso océano en lugar de identificarnos como esa persona limitada. Cada momento constituye esta invitación a recordar que realmente somos mucho más vastos de lo que nos hemos imaginado. Creo que ahí está el centro del sufrimiento, especialmente de mucha gente que he conocido en los últimos años. Existe esta creencia cuando estamos sufriendo, de que somos demasiado insignificantes, de que estamos demasiado limitados para abordar los asuntos. "Este dolor es demasiado grande para mí, o este temor es demasiado para mí o esta pena es demasiado grande para mí". Así es como se puede llegar a sentir, aunque en realidad, este momento nunca podría ser demasiado para mí. 

Cualquier cosa que esté sucediendo en este momento, aunque el momento sea demasiado intenso y esté impregnado de dolor y de miedo, podríamos decir que hay algo aquí que ya está sosteniendo este momento, hay algo que está abrazando este momento. Es algo que está ya permitiendo que este momento sea, incluso si personalmente te sientes incapaz de lidiar con él, aún si te sientes incapaz de aceptar este momento. Lo que tú eres, ese vasto océano, ya está sosteniendo ese miedo.

Entonces el sufrimiento realmente depende de la identificación. Por ejemplo, cuando hay una ola de temor —o de cualquier otra cosa como miedo, enojo, tristeza— es una invitación a recordar aquello que eres. Lo que tú eres en este momento está sosteniendo el temor, lo que tú eres es ese espacio en donde entra ese temor. Lo que yo soy en este momento es el espacio para este miedo. De algún modo le estoy permitiendo un espacio a ese enojo. Ya sabes, le estoy dando a este enojo un espacio para que respire. Le estoy dando la libertad a este enojo para que se exprese. Le estoy dando la libertad a este dolor para que se exprese. Le estoy dando la libertad a esta tristeza, a esta duda, para que se exprese.

En cierto modo, todo esto es completamente opuesto a lo que hemos aprendido acerca de nosotros mismos. Esto parece darle un vuelco a la vida, sin embargo, nos recordamos como este vasto océano que está permitiendo que estas olas sean. De alguna manera, estas olas, una ola de enojo no es ningún enemigo. Eso fue lo que nos enseñaron, tal vez. Una ola de dolor, una ola de tristeza no es el enemigo; como el océano, podrías decir que se trata de uno de tus hijos, ¿o no? Como océano, diste nacimiento a esa ola de enojo, diste nacimiento a una ola de tristeza. Estos no son enemigos que deban ser destruidos, sino niños que deben ser apoyados, que deben ser amados en este momento. La vida no te pide más que eso. Simplemente te encuentras afrontando este momento de enojo. 

Cuando entramos en la identificación, cuando olvidamos nuestra verdadera identidad, como dijiste, el océano, este vasto océano, este vasto espacio en donde aparece en este momento el miedo; cuando olvidamos lo vastos que somos, cuando olvidamos lo espaciosos que somos. Cuando olvidamos lo amorosos que somos o cuando olvidamos nuestra capacidad de abrazarlo todo. Nos empezamos a identificar con la ola. Y así, en lugar de recordarnos como ese vasto océano en donde llega y se disuelve el miedo en ese momento, nos identificamos como alguien que se siente asustado. Pienso que esta es la diferencia fundamental entre recordar lo que realmente eres y olvidar lo que realmente eres. Es esa identificación. Así que nos recordamos a nosotros mismos en este momento y sólo en este momento, porque eso es todo lo que hay, finalmente. Si nos recordamos a nosotros mismos ahora como ese vasto océano en donde la ola del miedo es admitida y no nos identificamos como "Yo soy ese que está asustado" o "Yo soy ese que se siente triste" o "Yo soy ese que está sufriendo, yo soy la víctima" —porque siempre hay una especie de historia de victimismo detrás de todo esto. 

No se trata de rechazar ni negar la ola. No se trata de querer alejar la ola. No se trata de decir "Oh, este miedo no me va a tocar. Estoy más allá del temor." Sabes, todo ese tipo de atajos espirituales que a veces queremos tomar. No se trata de eso. Se trata más bien de ese reconocimiento de que el miedo está aquí, percibiéndolo, notándolo, y al mismo tiempo recordarme a mí mismo como ese espacio completamente abierto que está sosteniendo este miedo. Así que el miedo tiene permiso para moverse a través de mí, pero a fin de cuentas, no me define. Así que ambos aspectos se dan. Es como permitir que el miedo se exprese totalmente sin que yo intente evitarlo. Pero al mismo tiempo recordarme como ese vasto espacio. 

**Transcripción de parte de una entrevista con Jeff Foster, Noviembre de 2012

La primera charla es una entrevista a Maria Belón la mujer en cuya experiencia está basada la película de "Lo imposible", superviviente del tsunami que asoló el sudeste asiático en la navidad del 2004.



La segunda es una charla de Ted que merece la pena escuchar. Esquiadora de fondo, Janine Shepherd, esperaba una medalla olímpica... hasta que fue atropellada por un camión durante un entrenamiento en bicicleta. Ella comparte una historia poderosa sobre el potencial humano para la recuperación. Su mensaje: no eres tu cuerpo, y renunciar a viejos sueños puede permitirte nuevos para volar.







jueves, 7 de febrero de 2013

De dentro hacia afuera


Entendí que la verdadera felicidad y gozo sólo podría encontrarlos amándome a mí misma, entrando en mi interior, siguiendo mi corazón y haciendo aquello que me diera alegría. Descubrí que cuando mi vida parece no tener dirección y me siento perdida lo que realmente significa es que he perdido mi sentido de Ser Yo Misma. No estoy conectada con Quien Realmente Soy y con lo que vine a Ser aquí. Esta ha sido la tendencia cuando dejo de escuchar a mi propia voz interna y entrego mi poder a fuentes externas.

Anteriormente, cuando me sentía perdida, uno de las primeras cosas que hacía era buscar afuera las respuestas. Buscaba en libros, profesores y gurús con la esperanza que ellos me proveyeran la siempre elusiva solución.

Encontré que tener un punto de vista de "dentro hacia afuera" significa ser capaz de confiar completamente en mi guía interna. Es como si lo que yo siento, tiene un impacto en mi universo entero.

Si las cosas parecen retadoras, en lugar de tratar de cambiarlas físicamente empecé a examinarlas con mi mundo interno. Si estoy estresada, ansiosa, infeliz o algo similar, voy adentro de mi misma y tiendo a ser eso, primero. Me siento conmigo misma, camino en la naturaleza o escucho música hasta que logro centrarme en dónde me siento en calma y sosegada. Me doy cuenta que cuando hago eso, mi mundo externo también cambia y muchos de los obstáculos simplemente desaparecen sin que realmente haga nada.

Si me tomo el tiempo para buscar mi centro, sin importar lo que la gente a mi alrededor piense, muchos de los primeros bloqueos y tropiezos desaparecen una vez que soy consciente de mi conexión con el Todo, sintiéndome en calma y feliz. Recibo mucha claridad durante estas sesiones y simplemente, al estar centrada, muchos de los retos dejan de existir. 

Cuando vivimos completamente desde la mente durante un largo periodo, perdemos contacto con el ser infinito y luego empezamos a sentirnos perdidos. Esto pasa cuando estamos dedicados a hacer todo el tiempo, en lugar de ser. Lo segundo significa vivir desde el alma y en un estado de permitir. Permitirnos ser quienes somos, sin juicios. Ser no quiere decir que no hagamos nada. Es sólo que nuestros actos se derivan de seguir nuestras emociones y sentimientos, estando presentes en el ahora. Hacer por otro lado está enfocado en el futuro, con la mente creando una serie de tareas que nos tiene de aquí para allá con el fin de lograr un resultado en particular, sin contar para nada con nuestro estado emocional presente.

He descubierto que para determinar si mis acciones vienen del "hacer" o del "ser", sólo necesito mirar a la emoción detrás de las decisiones que tomo a diario. ¿Es miedo o es pasión? Si todo lo que hago cada día es dirigido por la pasión y el entusiasmo por la vida, entonces estoy "siendo", pero si mis actos son el resultado del miedo, entonces estoy "haciendo".

Anita Moorjani, "Muero por ser yo"






martes, 5 de febrero de 2013

Aprender a vivir



Lo que tiene que hacerse, tiene que hacerse. Aquello por lo que tienes que pasar, tienes que pasarlo. Cada cosa surge en tu vida en un determinado momento para ser vivida, para ser vivenciada. En el caso de que quieras huir de ella, sólo vas a retrasar el espinoso camino por el que tendrás que pasar obligatoriamente. Siempre que atraes un acontecimiento, una persona, una situación en tu vida, siempre que ese encuentro se dé (entre ti y aquello con lo que vas a ser confrontado), es porque es la hora de vivir eso al nivel más profundo que seas capaz. Si no lo deseabas o pensabas que no podías vivir esa situación, te habrías anticipado, habrías hecho otras elecciones que desembocarían en otras situaciones. Y en ese caso atraerías otras situaciones para vivir. Pero ha sido ésta situación que has atraído ahora, y ahora es el momento de vivirla. ¿Quieres un consejo? No huyas. Vive lo que tengas que vivir, aprende con la experiencia, y, sólo entonces, empieza de nuevo. No dejes de aprovechar esta oportunidad para vivir esta situación hasta el final, hasta el límite. Esta situación es ahora tu gran maestra. Es aquí donde vas a aprender, es aquí donde vas a evolucionar. Y cuando la tormenta haya pasado, cuando lo que haya que aprender haya sido aprendido, mira al cielo y podrás ver una estrella más que fue ahí colocada en tu honor. Y yo seguiré contigo. Protegiéndote dondequiera que vayas. 

Jesús

Alexandra Solnado, "El libro de la Luz". Este libro ha sido un gran descubrimiento para mí. En la página web de la autora en español, podéis acceder a un oráculo con los mensajes del libro: http://www.alexandrasolnado.net/Spanish/index.php

Este mismo mensaje es el que transmite Sergi Torres en este extra de la película "Yo, libre. Un viaje al instante presente" que ya compartimos en una entrada anterior de este blog.








lunes, 29 de octubre de 2012

Nutrir el don


"Los dones que se te han dado en esta vida no te pertenecen únicamente a ti. Pertenecen a todos. No seas egoísta y los retengas. No te aprisiones en un estilo de vida que mantenga el Espíritu rehén, sin ofrecerte espontaneidad y Gracia.

Arriésgate a ser plenamente tú mismo. Abandona las expectativas que los demás tienen en ti. Suelta todos los "debería" y los "tengoo que" y considera cuáles son los pensamientos y acciones que te dan más alegría. Vive de dentro hacia afuera, no de fuera hacia dentro.

Orientarse hacia lo que te da alegría no es ser egoísta. Es una acción magnánima que puedes realizar. Esto se debe a que tu don es necesario. Los demás no podrán elevar su espíritu a menos que confíes en tu don y lo des al mundo incondicionalmente. 

Considera la vacía que estaría tu vida si los que te rodean eligieran abandonar sus dones. Todo lo que te parece maravilloso en la vida - la música, la poesía, las películas, los deportes, la risa - desaparecerían si otros no te ofrecieran lo mejor de sí mismos. 

No retengas tu don. No cometas el error de pensar que no tienes nada que dar. Todo el mundo tiene algo que ofrecer. Pero no compares tu don con el de otros, porque podrías no valorarlo suficientemente."

Tu don siempre  reside allí donde tu alegría y tu entusiasmo son más profundos; la única dificultad que tendrás para reconocerlo es que podría no encajar en tu imagen de lo que se supone que tiene que ser. Supón, por ejemplo, que tienes una excelente capacidad de escucha. La gente viene a ti con los dramas de su vida y se van felices y más en paz. Los demás te dicen una y otra vez que les gusta estar contigo. Sienten que les aceptas tal como son. Se sienten fortalecidos por ti. Tú no pareces cargarte con sus problemas. Tu presencia tiene el efecto de elevar a la gente.

No haces nada en particular y, por eso, no puedes entender que tu don está involucrado en esto. Sigues buscándolo fuera de tu experiencia. Piensas: "Quizás debería volver a la escuela y ser bibliotecario". Pero ya tienes dos títulos universitarios. Ya has tenido toda la formación que necesitabas. El problema no es formarte. No se trata de cambiar de profesión.

El problema es que el don te está mirando fijamente a los ojos y tú te niegas a verlo. Piensas que el don es "hacer", pero no es así. Más bien, es una "forma de ser" exultante y sin esfuerzo. Viene a ti naturalmente y produce alegría en los demás de manera inmediata y palpable.

"Bien", piensas, "tal vez debería volver a la universidad y obtener un título terapeuta. Nadie querrá venir a mí y pagarme a menos que tenga un título". Pero estás pasando por alto el punto clave. No importa lo que hagas. No estamos hablando de un hacer, sino de una manera de ser. Hagas lo que hagas, puedes expresar tu don. No necesitas un papel especial, una plataforma especial. 

Buscar un papel especial es una manera de apartar el don de ti. Es como decir: "En realidad esta capacidad mía no satisface mis expectativas. No puede darme apoyo. ¿Por qué no puede tener el verdadero don? Otros lo tienen. ¿Qué hay de malo en mí?". 

Si pudieras darte el mismo amor y aceptación incondicionales que ofreces a otros, darías un giro a tu vida, porque empezarías a confiar en tu don. Hasta que no lo valores y confíes en él, ¿cómo puede sustentarte el universo?

Muchas de tus cualidades te pasan desapercibidas porque no tienes una imagen clara de lo que deberían ser, o porque las devalúas y las apartas de ti al compararlas con las que otros. Tienes envidia de sus aptitudes. Preferirías tener su don en lugar del tuyo.

Cada vez que juzgas tu don, o pones condiciones para ofrecerlo, lo alejas más de ti. Dices: "¡Sólo cantaré si tengo un público de mil personas y gano al menos cinco mil euros!" Supongamos que no son muchas las personas que han oído hablar de ti, ¿cuántas personas van a venir a escucharte? ¿Cómo va a evolucionar el trabajo de tu vida si no das el primer paso para traerlo a la existencia?

Si no estás dispuesto a empezar con pequeños proyectos y expectativas modestas, te estás programando para el fracaso. Si quieres tener éxito, tómate tiempo para desarrollar tu cualidad y para aprender a confiar en ella. 

El trabajo de tu vida es como un bebé. Tienes que cuidarlo dentro y fuera del útero. Cuando al principio te des cuenta de cuál es tu don, no vayas por ahí anunciándolo a los cuatro vientos. sigue tu propio consejo. Empieza a cantar en la ducha. Encuentra un profesor. Practica cada día.

Entonces, cuando tu gracia esté preparada para ser compartida con los demás, encuentra un entorno informal y poco exigente que no te ponga mucha presión a la hora de actuar; o a los demás a la hora de responder. Sé delicado con esa capacidad tuya, tal como serías si tuvieras seis años y quisieras compartir una canción con tu mejor amigo. Por muy ansioso que estés por crecer, antes debes darte tiempo para ser un niño. 

Aprende, crece y cuida de tu aptitud hasta llevarla a la manifestación. Asume pequeños riesgos y después otros mayores. Canta ante pequeñas audiencias y ve ganando confianza. Después, sin forzar ni presionarte no presionar a los demás, las audiencias crecerán. 

Los que se niegan a empezar por poco nunca consiguen nada. Quieren la Luna y nunca aprenden a estar sobre la Tierra. 

No tengas miedo de ser un aprendiz. Si admiras a alguien que tiene un don parecido al tuyo, no temas pedirle lecciones. Esta es una de las maneras de aprender a confiar en tus capacidades. 

Por otra parte, no puedes ser un estudiante eternamente. Llega un momento en el que el estudiante está preparado para dejar atrás al profesor. Cuando ese momento llegue, da un paso adelante. Confía en tu capacidad. Confía en todas las horas que has dedicado a la práctica. Da el paso adelante. Ten fe en ti mismo. Estás preparado. 

El modo que tengas de relacionarte con tu don dice mucho de si eres feliz o no. Las personas felices expresan sus capacidades en cualquier lugar que la vida les ofrezca. Las personas infelices se aferran a sus dones hasta que la vida les ofrece el lugar perfecto.

Ahora puedo decirte que el lugar perfecto no aparece nunca. Generalmente, la vida no se parece a la imagen que tienes de ella y desperdiciarás las verdaderas oportunidades de expresar ese regalo si no sueltas tus imágenes y ves lo que se alza frente a ti. 

En realidad es muy simple. Todas tus imágenes tienen que desaparecer. Parte de confiar en tu don consiste en soltar cómo crees que debería ser recibido. Eso no es asunto tuyo. No tiene nada que ver contigo. Por más grande que te hayas hecho, nunca sabrás quien se sentirá tocado por tu trabajo y quién te dará la espalda. 

Para dar tu don, tienes que soltarlo. No debes estar apegado a quién lo recibe y quién no.  Nadie llega a todo el mundo. Algunos comparten sus dones con una audiencia de unas pocas personas. Otros las comparten con unos pocos millones. Esto es algo que escapa a tu juicio.

No juzgues tu don. Intégralo, valóralo y dalo. No juzgues cómo es recibido. Dalo sin apego a los resultados, sin expectativas de que retorne.

No puedes aferrarte a tu don y darlo al mismo tiempo. Cuando veas lo absurdo de ese intento, le darás las alas que merece. Asumirás los riesgos que estás dispuesto a aceptar, tu regalo llegará a los demás y la energía que genera retornará a ti. El ciclo de creatividad, de dar y recibir, se pondrá en marcha en tu vida.

*** Texto extraido de "El Silencio del Corazón" de Paul Ferrini








martes, 10 de octubre de 2006

Hay un agujero en mi camino...

 

En el viaje hacia nuestros deseos nos encontramos con obstáculos: llegamos a descorazonadores puntos muertos que nos distraen y nos alejan de la senda hacia nuestros sueños.

Si está vez queremos que sea diferente debemos conocer a nuestro enemigo, debemos identificar cuales son los pensamientos, hábitos, excusas y conductas que evitan que vivamos una vida de calidad.

Estas conductas son la vía fácil. Muchas veces parecen el camino más sencillo para una solución o gratificación, pero pronto nos damos cuenta de que no llevan a ninguna parte ni nos ofrecen ninguna recompensa.

Hay un poema de Portia Nelson que describe como nos mantenemos anclados en las mismas conductas.

CAPITULO 1

Camino por la calle.
Hay un gran agujero en la acera.
Me caigo en él.
Estoy perdida... indefensa.
No tengo la culpa.
Me cuesta una eternidad encontrar una salida.

CAPITULO 2

Camino por la misma calle.
Hay un gran agujero en la acera.
Intento no verlo.
Vuelvo a caer en él.
No puedo creer que vuelva a estar en el mismo sitio.
Pero no es culpa mía.
Me cuesta mucho salir de ahí.

CAPITULO 3

Camino por la misma calle.
Hay un gran agujero en la acera.
Veo que está allí.
Pero vuelvo a caer... es una costumbre.
Abro los ojos.
Se dónde estoy.
Es culpa mía.
Salgo inmediatamente.

CAPITULO 4

Camino por la misma calle.
Hay un gran agujero en la acera.
Paso rodeándolo.

CAPITULO 5

Voy por otra calle.