viernes, 1 de diciembre de 2006

Apariencias



No te engañes conmigo. No te dejes engañar por la cara que llevo. Pues llevo una máscara, mil máscaras, Máscaras que temo quitarme, y ninguna de ellas soy yo. Lo que puede ser arte, es para mí un hábito, pero no te engañes.

Te doy la impresión de seguridad, de que todo es alegre y sereno en mí, por dentro y por fuera, que la confianza es mi nombre y la frialdad mi juego, que el agua está en calma y mantengo el control, y que no necesito a nadie. Pero no me creas. Mi cara parece lisa, pero mi cara es mi máscara, siempre variante, siempre encubridora. Debajo no hay complacencia. Debajo hay confusión, y temor y soledad. Pero yo lo oculto. No quiero que se sepa.

Me horroriza pensar en la revelación de mi debilidad y mi miedo. Por ello he creado frenéticamente una máscara para esconderme, una fachada indiferente y sofisticada, para ayudarme a creer que me escuda de la mirada que sabe.

Pero esta mirada es mi única salvación. Mi única esperanza, y yo lo sé. Lo será, si va seguida de aceptación, si va seguida de amor. Es lo único que puede liberarme de mí mismo, de las paredes de la prisión que yo mismo me he construido, de las barreras que tan concienzudamente erigí. Es lo único que me asegura de cuanto yo no puedo asegurarme, de que realmente merezco algo. Pero yo no te cuento eso. No me atrevo, temo hacerlo. Temo que la aceptación no siga a tu mirada, ni que la siga el amor. Temo empobrecer tu concepto de mí, que te rías, y tu risa me mataría. Temo no ser nada en el fondo, nada bueno, y que tú lo descubras y me rechaces.

De este modo sigo mi juego, mi supuesto juego desesperado, con fachada de seguridad fuera mientras un niño tiembla dentro.

Así empieza el desfile de máscaras, brillante pero vacío y mi vida deviene en un frente. Vanamente te hablo en tono cortés de charla superficial. Te cuento todo aquello que no es nada, y nada de aquello que lo es todo, de aquello que llora dentro de mí.

Así, cuando siga mi rutina, no te creas lo que yo diga.

Escucha con atención y trata de oír lo que no digo, lo que me gustaría poder decir, lo que para sobrevivir necesito decir, pero que no puedo pronunciar.

No me gusta esconderme.

No me gusta jugar partidas superficiales y falsas.

Quiero dejar de jugarlas.

Quiero ser auténtico, espontáneo y yo mismo, pero tienes que ayudarme.

Debes tenderme una mano aún siendo lo último que supuestamente quiero.

Sólo tú puedes quitar de mis ojos la blanca mirada del muerto que respira.

Sólo tú puedes devolverme la vida. Cada vez que eres amable y dulce y alentador/a, cada vez que tratas de comprenderme porque te importa, se empiezan a formar alas en mi corazón, alas muy pequeñas, alas muy frágiles ¡pero alas!

Con tu poder de tocarme la parte sensible puedes soplar vida dentro de mí. Quiero que sepas esto.

Quiero que sepas lo importante que eres para mí, cómo puedes ser el creador- un creador fiel a Dios- de la persona que soy yo si decides hacerlo.

Sólo tú puedes derribar el muro tras del cual tiemblo, sólo tú puedes quitarme la máscara, sólo tú puedes liberarme de mi sombreado mundo de pánico e incertidumbre, de la prisión de mi soledad, si decides hacerlo. Hazlo, por favor. No me dejes de lado. No voy a ser fácil para ti.

Una larga convicción de inutilidad construye fuertes muros. Cuanto más te acerques a mí más ciegamente puedo resistirme. Es irracional, porque pese a lo que digan los libros sobre el hombre yo soy irracional.

Lucho contra la misma cosa que anhelo desesperadamente. Pero se me ha dicho que el amor es más fuerte que los muros, y en esto descansa mi esperanza. Trata de derribar esos muros con manos firmes, pero con manos suaves, porque el niño es muy sensible.

¿Te preguntas quién soy yo? Soy alguien a quien conoces muy bien, ve y mírate al espejo.

By Charles l. Withfield





lunes, 20 de noviembre de 2006

El negro


 
Esta mañana he encontrado este artículo de Rosa Montero aparecido en EL País, espero que lo disfrutéis.

"Estamos en el comedor estudiantil de una universidad alemana. Una alumna rubia e inequívocamente germana adquiere su bandeja con el menú en el mostrador del autoservicio y luego se sienta en una mesa.

Entonces advierte que ha olvidado los cubiertos y vuelve a levantarse para cogerlos.

Al regresar, descubre con estupor que un chico negro, probablemente subsahariano por su aspecto, se ha sentado en su lugar y está comiendo de su bandeja.

De entrada, la muchacha se siente desconcertada y agredida; pero enseguida corrige su pensamiento y supone que el africano no está acostumbrado al sentido de la propiedad privada y de la intimidad del europeo, o incluso que quizá no disponga de dinero suficiente para pagarse la comida, aun siendo ésta barata para el elevado estándar de vida de nuestros ricos países.
De modo que la chica decide sentarse frente al tipo y sonreírle amistosamente. A lo cual el africano contesta con otra blanca sonrisa. A continuación, la alemana comienza a comer de la bandeja intentando aparentar la mayor normalidad y compartiéndola con exquisita generosidad y cortesía con el chico negro.

Y así, él se toma la ensalada, ella apura la sopa, ambos pinchan paritariamente del mismo plato de estofado hasta acabarlo y uno da cuenta del yogur y la otra de la pieza de fruta. Todo ello trufado de múltiples sonrisas educadas, tímidas por parte del muchacho, suavemente alentadoras y comprensivas por parte de ella.

Acabado el almuerzo, la alemana se levanta en busca de un café. Y entonces descubre, en la mesa vecina detrás de ella, su propio abrigo colocado sobre el respaldo de una silla y una bandeja de comida intacta.

Dedico esta historia deliciosa, que además es auténtica, a todos aquellos españoles que, en el fondo, recelan de los inmigrantes y les consideran individuos inferiores. A todas esas personas que, aun bienintencionadas, les observan con condescendencia y paternalismo. Será mejor que nos libremos de los prejuicios o corremos el riesgo de hacer el mismo ridículo que la pobre alemana, que creía ser el colmo de la civilización mientras el africano, él sí inmensamente educado, la dejaba comer de su bandeja y tal vez pensaba: "Pero qué chiflados están los europeos".

¿Cual habría sido tu reacción en esta situación?








domingo, 12 de noviembre de 2006

Abrazos Gratis


La iniciativa que hoy comparto contigo nació en 2001 por Jason Hunter cuando murió su madre, una mujer que abrazaba a la gente y daba amor a todo el mundo sin importar la raza, sexo, ni condición.

En otra parte del mundo, Sidney, un chico que vivía en Londres pero que era australiano, volvió a su país natal. Una vez allí, se sentía sólo, sus padres se habían divorciado, se acababa de separar de su prometida y su abuela estaba muy enferma. Para animarse decidió ir a una fiesta, donde una desconocida le regaló un abrazo, ” Me sentí como un rey, fue lo mejor que me ha pasado nunca”, así describe ese momento. Seis meses después de este suceso, un 30 de junio, decidió salir a repartir abrazos gratis a la gente que transitaba por Pitt Mall Street en Sidney.

Ahora esta iniciativa de DAR ABRAZOS ha llegado a España de la mano del cineasta Joan Planas. Ya se ha estrenado en Barcelona y Valencia y pronto se unirán otras ciudades.

Puede que como yo lo hayas visto en la tele y te hayas quedado impresionado. Gente que acaba de conocerse y que se abraza como si fueran viejos amigos. Esta iniciativa tiene una finalidad: abrazar para mejorar el mundo, porque un simple abrazo motiva el corazón y hace feliz a quien lo recibe.

Como dice Joan Planas, ¡cambia la actitud y cambiarás el mundo!

¿Te imaginas que todos saliéramos a la calle a dar abrazos?

Todos necesitamos uno.
¿Nos das el tuyo?



Podeis ver más información sobre esta inicitiva en la web: ABRAZOS GRATIS.

Os recomiendo el siguiente video:



Y su versión española:








jueves, 26 de octubre de 2006

La vida no es una lucha



Siempre me he preguntado que lleva a algunas personas a vivir la vida como una lucha mientras que otras simplemente la disfrutan. Yo no creo que la vida sea una lucha. A través de mi experiencia he observado que la idea de lucha surge cuando nos aferramos a personas o circunstancias que no nos convienen. Cuando no somos capaces de dar carpetazo, cerrar un ciclo y seguir adelante. Cuando permanecemos en trabajos que odiamos o en los que no crecemos, relaciones que nos impiden evolucionar y ser nosotros mismos, cuidades que no nos gustan, etc. En general cuando no escuchamos a nuestra intuición que nos susurra que es tiempo de cerrar esa puerta y hacer espacio para nuevas y mejores experiencias.

Intenta hacer memoria y recuerda todas las veces en que hayas ido contra ti mismo, cuando no has seguido los dictados de tu intuición. Haz una lista de esos momentos. ¿Cuales fueron los resultados?

Ahora, rememora todas la veces que has seguido tu intuición. Haz una lista de todas las que te sea posible recordad y anota como te sentiste en esos momentos. ¿Cuales fueron los resultados?

Para finalizar anota en una lista todas las cosas que harías si confiaras por completo en tu intuición. ¿Qué te están diciendo tus sentimientos más viscerales que hagas? Aprender a confiar en tu intuición es aprender a permanecer en el presente. ¿Qué harías justo ahora?

Si ahora mismo estás en una lucha analiza tu situación y hazte estas preguntas: ¿Qué decisiones estás evitando tomar? ¿A qué te aferras? ¿Qué es lo que necesitas cambiar en tu vida para que avance de manera fluida? ¿Qué te dice tu intuición que no estás queriendo escuchar?





lunes, 23 de octubre de 2006

Consejo

"Consejo es lo que preguntamos cuando conociendo la respuesta quisiéramos ignorarla"

¿Cómo te comunicas?


Esta semana quiero empezar con una definición que creo os ayudará a la hora de mejorar vuestra comunicación con vosotros mismos y con los demás. ¿Tienes problemas a la hora de comunicarte?

Piensa en alguna persona con la que te gustaría mejorar tu comunicación. Trae al recuerdo alguna situación con esa persona en la que te haya costado comunicarte con ella, en la que hayáis acabado riñendo o en la que hayas pensado que es imposible hablar con ella porque no atiende a razones o no te escucha. Una vez que la tengas, pregúntate: ¿Qué tenían en común tu punto de vista y el suyo? Si la respuesta es que nada, ahí está la clave. Normalmente no nos entendemos cuando adoptamos puntos de vista diferentes y cada uno nos mantenemos en nuestra postura sin ceder.

¿Sabes que significa comunicar? Comunicar significa COMPARTIR LO COMÚN. Si en tus relaciones y en tus comunicaciones te enfocas en lo que te diferencia en lugar de en lo que te une, no estarás comunicando. Puedes estar hablando, compartiendo tu opinión pero no existirá comunicación.

¿Te has parado a pensar porque cuando estás con determinadas personas el tiempo parece no existir y en cambio con otras estás deseando que el tiempo vuele? Si reflexionas te darás cuenta de que el primer grupo de personas comparten contigo ideas, intereses, gustos y cuando estáis juntos compartís eso que os une. En estos casos la comunicación es fácil y fluida.

Pero en la vida hay situaciones en las que tenemos que relacionarnos con personas que aparentemente no tienen nada en común con nosotros. Por ejemplo en el trabajo. Personas con las que quizás no tendríamos relación fuera de ese entorno, pero con las que es necesaria la comunicación si queremos que las cosas avancen. Incluso en esos casos existe algo que os une, algo que compartís. Busca eso que os une e inicia tu conversación desde esa perspectiva. Verás las diferencias.





martes, 10 de octubre de 2006

Hay un agujero en mi camino...

 

En el viaje hacia nuestros deseos nos encontramos con obstáculos: llegamos a descorazonadores puntos muertos que nos distraen y nos alejan de la senda hacia nuestros sueños.

Si está vez queremos que sea diferente debemos conocer a nuestro enemigo, debemos identificar cuales son los pensamientos, hábitos, excusas y conductas que evitan que vivamos una vida de calidad.

Estas conductas son la vía fácil. Muchas veces parecen el camino más sencillo para una solución o gratificación, pero pronto nos damos cuenta de que no llevan a ninguna parte ni nos ofrecen ninguna recompensa.

Hay un poema de Portia Nelson que describe como nos mantenemos anclados en las mismas conductas.

CAPITULO 1

Camino por la calle.
Hay un gran agujero en la acera.
Me caigo en él.
Estoy perdida... indefensa.
No tengo la culpa.
Me cuesta una eternidad encontrar una salida.

CAPITULO 2

Camino por la misma calle.
Hay un gran agujero en la acera.
Intento no verlo.
Vuelvo a caer en él.
No puedo creer que vuelva a estar en el mismo sitio.
Pero no es culpa mía.
Me cuesta mucho salir de ahí.

CAPITULO 3

Camino por la misma calle.
Hay un gran agujero en la acera.
Veo que está allí.
Pero vuelvo a caer... es una costumbre.
Abro los ojos.
Se dónde estoy.
Es culpa mía.
Salgo inmediatamente.

CAPITULO 4

Camino por la misma calle.
Hay un gran agujero en la acera.
Paso rodeándolo.

CAPITULO 5

Voy por otra calle.






lunes, 9 de octubre de 2006

KALTAPARUS - El árbol de los deseos


Una vez un hombre estaba viajando y entró al paraíso por error. En el concepto indio del paraíso, hay árboles que conceden los deseos, se llaman KALTAPARUS. Simplemente te sientas bajo uno de estos árboles, deseas cualquier cosa e inmediatamente se cumple no hay espacio alguno entre el deseo y su cumplimiento.

El hombre estaba cansado, así que se durmió bajo un árbol dador de deseos. Cuando despertó, tenía hambre, entonces dijo: "¡Tengo tanta hambre! Ojalá pudiera tener algo de comida". E inmediatamente apareció la comida de la nada simplemente flotando en el aire, una comida deliciosa.
Tenía tanta hambre que no prestó atención de dónde había venido la comida. Cuando tienes hambre, no estás para filosofías.

Inmediatamente empezó a comer y la comida estaba tan deliciosa! Una vez que su hambre estuvo saciada, miró a su alrededor.Ahora se sentía satisfecho. Otro pensamiento surgió en él: "Si tan sólo pudiera tomar algo!" Y por ahora no hay ninguna prohibición en el paraíso, de modo que de inmediato apareció un vino estupendo.

Mientras bebía este vino tranquilamente y soplaba una suave y fresca brisa bajo la sombra del árbol, comenzó a preguntarse: "Qué está pasando? ¿Estoy soñando o hay fantasmas que están jugándome una broma?" Y aparecieron fantasmas feroces, horribles, nauseabundos. Comenzó a temblar y pensó: "Seguro que me matan!" Y lo mataron.

Esta es una antigua parábola, de inmensa significación. Tu mente es un árbol dador de deseos: pienses lo que pienses, tarde o temprano se verá cumplido. A veces, la brecha es tan grande que te olvidas por completo que lo deseaste, de modo que no puedes reconocer la fuente. Pero si observas profundamente, hallarás que todos tus pensamientos te están creando a ti y a tu vida. Crean tu infierno, crean tu cielo. Crean tu desgracia y tu alegría, lo negativo y lo positivo...

Cada uno es aquí un mago. Cada uno está hilando y tejiendo un mundo mágico en torno de sí mismo... y luego es atrapado. La araña misma es atrapada en su propia tela.

No hay nadie que te torture excepto tú mismo. Y cuando se comprende esto, las cosas comienzan a cambiar. Entonces puedes modificarlo, transformar tu infierno en cielo; sólo se trata de pintarlo con una visión diferente... Toda la responsabilidad es tuya.

Y entonces surge una nueva posibilidad: puedes dejar de crear el mundo. No hay necesidad de crear ni en el cielo ni en el infierno, no hay ninguna necesidad de crear nada. El creador puede descansar, jubilarse. Y la jubilación de la mente es la meditación.
Osho

PD: La fotografía es el "Arbol Mágico de los deseos" de  Vic, situado en su mercado medieval.






lunes, 3 de julio de 2006

La educación de las Hadas



Hoy me ha venido a la memoria la ilusión de la noche de Reyes. Ese día mis dos hermanos y yo nos levantábamos pronto. Ellos, que son más pequeños, querían ir corriendo al salón a ver lo que nos habían dejado los Reyes. Yo se lo impedía. Para eso me tenía que levantar primero e ir a levantarles a su habitación. Había que cumplir el ritual que consistía en ir los tres juntos, cerrar los ojos y abrirlos una vez en la habitación. Ellos se resistían, pensaban que era muy tonto eso de cerrar los ojos y abrirlos a la vez, pero yo no me dejaba amedrentar por ellos y el ritual se perpetuó hasta que fueron lo suficientemente mayores como para oponerse.

Esta anécdota me ha venido a la cabeza a raíz de ir a ver la película "La educación de las Hadas". Tengo que confesar que siento debilidad por las hadas. No sabría explicar muy bien a que se debe esta fascinación aunque creo intuir que es mi manera de conectar con la ilusión y la magia de la infancia.

Hay determinadas palabras que me conectan con ese mundo infantil, con la época en la que era feliz e imaginativa. Una época en la que ante mi se abría un mundo de infinitas posibilidades. Unos años en los que brillaba la confianza y en los que todo era nuevo. En mi caso esas palabras que me conectan con mi niña interna son: hada, magia, ilusión, sueños, estrellas, chocolate, ... Son mis palabras "mágicas", esas que me hacen sonreír cuando vuelvo la vista atrás y también llorar en los momentos en los que siento que me he perdido y necesito volver a conectar con esa niña confiada y alegre. Esa niña a la que le encantaban los cuentos y que lloró cuando su madre le desveló el secreto de los reyes magos a una edad en la que el resto de los niños ya lo sabían.

Cuando nacemos estamos perfectamente programados. Tenemos una tendencia innata a concéntranos en el amor. Nuestra imaginación es creativa y floreciente, y sabemos usarla. Estamos conectados con un mundo más rico que el mundo con que ahora nos conectamos, un mundo lleno de hechizo y del sentimiento de lo milagroso.

¿Qué nos pasó entonces? ¿Por qué, cuando llegamos a cierta edad y miramos a nuestro alrededor, el hechizo había desaparecido?

La película cuenta la historia de Nicolás un niño grande que trabaja creando juguetes. Nicolás se enamora el mismo día y a la misma hora de dos personas: una madre viuda y su hijo de ocho años. Sin duda lo mejor de la película son los diálogos entre el niño y su padre "natural" (si vais a ver la película entenderéis el término). Cuando este le habla de las hadas y de como reconocerlas. A pesar de ser una película triste, hay momentos "mágicos" siempre con el niño como protagonista.

Todos llevamos un niño dentro. Es ese que aparece cuando nos sorprenden con un regalo, cuando nos preparamos para soplar las velas en la fiesta de nuestro cumpleaños, cuando llevamos a nuestros hijos a ver la cabalgata de los reyes magos (siempre me sorprende que en la cabalgata los que más disfrutan sean los padres, en esos momentos se permiten volver a ser niños otra vez y por unos momentos recuperar la ilusión). Aparece cuando contamos cuentos, vamos al cine a ver una de Walt Disney y en tantos y tantos otros instantes.

El sábado empezó el mes de julio y para algunos ya han comenzado las vacaciones. Durante estas vacaciones os propongo un reto: prestar atención a nuestro niño/a interno. Conectar con esa parte en ocasiones olvidada.

¿Qué te gustaba hacer de pequeño? ¿Con que disfrutabas? ¿Cual era tu máxima ilusión? ¿Cual era tu sueño?

Todos hemos sido niños alguna vez aunque puede que algunos como decía Antonie de Saint-Exúpery no lo recuerden.








viernes, 30 de junio de 2006

Miedo a la Luz

"Nuestro temor más profundo no es que seamos inadecuados. Nuestro temor más profundo es que somos excesivamente poderosos. Es nuestra luz y no nuestra oscuridad la que nos atemoriza. Nos preguntamos: '¿quién soy yo para ser brillante, magnífico, talentoso y fabuloso? En realidad, ¿quién eres para no serlo? Eres un hijo de Dios. Si actúas apocadamente no ayudas al mundo. No hay nada de instructivo en encogerse para que otras personas no se sientan inseguras cerca a ti. Nacimos para manifestar la gloria de Dios que está dentro de nosotros. No se encuentra sólo en algunos de nosotros, está en todos. Y al permitir que brille nuestra propia luz, de forma tácita estamos dando a los otros permiso para hacer lo mismo. Al liberarnos de nuestro propio miedo, automáticamente nuestra presencia libera a otros".

Marianne Williamson. De su libro Volver al Amor

*Esta cita a menudo se atribuye erróneamente a Nelson Mandela porque él usó una parte en su discurso inaugural en 1994.