viernes, 22 de marzo de 2013

Rendirse es soltar el miedo




A un visitante que a sí mismo se definía como “buscador de la verdad” le dijo el Maestro: “Si lo que buscas es la verdad, hay algo que es preciso que tengas por encima de todo”.

“Ya lo sé: una irresistible pasión por ella” contestó el buscador.

“No, una incesante disposición a reconocer que puedes estar equivocado”.

 Rendirse es soltar el control, y el control es miedo, luego rendirse es soltar el miedo. En cualquier situación problemática que estés enfrentando en este momento en tu vida hay un primer miedo evidente a que la situación no se resuelva, que continúe, que lo que estoy viviendo y quiero cambiar permanezca. La situación que estás viviendo en este momento es la forma que está tomando tu vida en este instante. Pero tú sigues mirando a la forma sin darte cuenta de lo que lo alimenta. Y hay formas que te gustan más que otras, y hay algunas que quieres vivir y otras no.

Imagínate cubitos de hielo de diferentes formas y tamaños. Aunque cada uno de ellos sea diferente y haya algunos que te gusten más que otros, todos en esencia son lo mismo, agua, y sirven a un mismo propósito.

Las situaciones de tu vida son como esos cubitos de hielo, diferentes en la forma pero lo que los compone es lo mismo. Es tu vida lo que se está manifestando en cada uno de ellos. Pero no podrás darte cuenta de esto mientras sigas luchando contra algunas de ellas o poniendo tu atención en el aspecto con el que se presentan y no en el contenido. Resistirse a estar en esa situación es tener miedo de vivir.

Luchar o resistirse a lo que estoy viviendo, a lo que está presente en mi vida en este momento es elegir el miedo como compañero de viaje.

Permitir por contraposición es rendirse, aceptar la vida independientemente de la forma que tome en este instante. Aceptar es elegir el amor como acompañante, confiar en una sabiduría que no conoce el miedo, la pérdida o el dolor, mucho menos el sufrimiento.

Rendirse no es resignarse, en la resignación está presente todavía el deseo de que las cosas sean diferentes, por lo tanto sigue habiendo oposición, resistencia al fluyo vital. En la resignación sigo pensando que es mejor que sea diferente, sigo queriendo tener razón y mantener de esta forma el control. La resignación es orgullo herido. La rendición es humildad. Es ponerse de rodillas y reconocer honestamente que no sabemos lo que es mejor o peor puesto que desconocemos el camino.

La rendición es un acto mental, es la decisión de dejar de creerme lo que me cuento, soltar mis expectativas y entrar en ese espacio de humildad del "no sé".

Y entonces dejas de hundirte y empiezas a flotar...






jueves, 14 de marzo de 2013

Todo está siendo cuidado




Sé como un niño en los brazos de su madre.
Algo ya está cuidando de ti - tus necesidades, tus asuntos.
Todo está siendo cuidado.
No escuches lo que el mundo dice.
También como tú, van a tener que volver a ser como un bebé.
Todo se está abriendo espontáneamente para ti.
No digas: ¿Qué es lo siguiente?
Deja que sea una sorpresa.
Un árbol no divaga o planifica sobre donde ha de crecer la próxima hoja o
cuando dar un nuevo fruto. No, toda su vida,
simplemente
es un despliegue.
Sé el árbol de la vida que simplemente se despliega.

~ Mooji

Rishikesh, India, 13 de Marzo 2013






miércoles, 13 de marzo de 2013

De quien podemos aprender



"La persona que puede perturbar tu estado de paz es aquella que te recuerda que no te encuentras verdaderamente en el estado de paz" Wayne Dyer
 
La gente que aparece en nuestra vida y con la que estamos de acuerdo y compartimos intereses similares, fáciles de aceptar; nos enseña de hecho muy poco.

Pero aquellos otros, capaces de sacarnos de quicio y encolerizarnos a la menos provocación son nuestros verdaderos maestros. 

La persona que realmente puede perturbar tu estado de paz es aquella que te recuerda que no te encuentras verdaderamente en el estado de paz o iluminación que brota de la confianza.

En ese momento, esta persona se convierte en tu mejor maestro, y es a ella a quien debieras dar las gracias, y a Dios, por haberla enviado a tu vida. Cuando llegue el día en que puedas trascender la cólera, la rabia y la alteración que esa persona parece provocar, y decirle: "Gracias por ser mi maestro", habrás reconocido a un compañero del alma.

Todo aquel que aparezca en tu vida y pueda sacarte de quicio y hacerte sentir frenético es un maestro disfrazado de ser manipulador, desconsiderado, frustrante y no comprensivo.

La paz iluminadora significa que no sólo estás en paz con aquellos que comparten tus intereses y que están de acuerdo contigo, o con los extraños que van y vienen, sino también con aquellos maestros que te recuerdan que todavía te queda mucho que hacer para estar en paz contigo mismo.

Da gracias por todos esos grandes maestros espirituales que han aparecido en tu vida en forma de hijos, cónyuges actuales o pasados, vecinos irritantes, compañeros de trabajo, extraños detestables y otras personas similares, pues ellos te ayudan a permanecer en estado de paz e iluminación. Te permiten saber día a día cuánto trabajo te queda realmente por hacer; y en qué aspectos no has logrado aún dominarte a ti mismo."

Wayne Dyer

*** Gracias Yolanda Patarroyo por el texto






martes, 5 de marzo de 2013

El oceano y las olas...

No somos islas, somos el oceano movido por las tempestades de la vida y por la luz de las estrellas. Paulo Coelho.

La semana pasada me hicieron llegar estas dos charlas y una entrevista a Jeff Foster que creo guardan relación así que he decidido compartirlas juntas en una misma entrada. Esta es una entrada un poco más larga de lo habitual pero creo que el esfuerzo merece la pena. ;) Espero que lo disfrutéis y GRACIAS por seguir este espacio y por vuestros mensajes cariñosos sobre el mismo.

En la introducción de tu nuevo libro, "La Aceptación Profunda", comienzas, Jeff, con una declaración sumamente fuerte. Una declaración realmente fuerte y definitiva y quiero empezar nuestra conversación con esto. Aquí está lo que escribiste: "Yo enseño una cosa, y sólo una cosa: una profunda y valiente aceptación de todo aquello que se ponga en tu camino." Así que para comenzar con esto, es una fuerte declaración... escribir estas palabras: "Yo enseño una cosa y sólo una cosa." 

Jeff Foster: Si, bueno tú sabes, esto que enseño es realmente un mensaje radical. Yo diría que no es precisamente para los débiles de corazón. Diría que se trata de un problema fundamental de la humanidad, si pudiéramos llamarlo así. Y es que, hasta cierto punto, le tenemos mucho miedo a la vida o nos hemos vuelto temerosos a la vida, tenemos miedo a vivir. Pasamos mucho de nuestro tiempo, al parecer, apartándonos de la vida, apartándonos de nosotros mismos; apartándonos del dolor, apartándonos del miedo, apartándonos de la tristeza, apartándonos de la duda. Y yo diría que, si tuviera que resumir todo lo que tengo para enseñar es, ¡parar!. Dejar de apartarnos. Y quedarnos con la vida y voltear hacia la vida si es que se puede. 

Enfrentar aquello que está frente a nosotros. Finalmente, aprender a conocerla como si fueras tú mismo. Muy a menudo se siente como si la vida estuviera de alguna forma en contra de nosotros, ¿sabes? o como si la vida nos estuviera haciendo algo, o que la vida va mal, o que la vida no está de nuestro lado.

Mi invitación es: parar y mirar aquello que está realmente aquí. Sal de esa historia de tu vida —la vida es esto, la vida es aquello, o esto está mal, o aquello no está bien, esto es lo que pasará, aquello es lo que pasará. Simple y amablemente regresa a lo que realmente está aquí. Yo hablo acerca de la constante invitación que la vida nos hace. Veo la vida como una constante invitación a simplemente regresar a casa, en cierto sentido, regresar a lo que está frente a ti, porque eso es realmente todo con lo que estás lidiando, a pesar de que a veces parezca que hay mucho más. Sólo enfrenta esto que está aquí.

TS: Ahora, esta idea de enfrentar lo que hay aquí, una profunda y valiente aceptación de todo aquello que se ponga en tu camino —pero, sabes, obviamente, que hay cosas realmente difíciles que se van presentando en el camino de la gente. Y mientras nos hablas yo me imagino algunas de esas cosas realmente difíciles y quizás alguien diga, "¿Cómo aceptar realmente y sin temor, y cómo voltear a ver este gran dolor como el de haber perdido un hijo o cualquier otra cosa que parezca insoportable?"

JF: Eso es muy cierto. Sabemos que la vida puede ponerse realmente difícil y que somos confrontados con esas olas. En el libro hablo mucho acerca de esas olas en el océano que tú eres. Si te ves a ti mismo como ese vasto océano, todas esas olas aparecen siempre —pensamientos, sensaciones, sentimientos— todas estas son las olas que aparecen en ti. 

Como tú dices, absolutamente, muchas veces las olas se pueden llegar a poner muy difíciles. Son grandes olas: olas de temor, olas de dolor, olas de tristeza, olas de dudas, olas de alegría, olas de felicidad. Lo que quiero decir es que todo ya está permitido en ti. Ya sabes, todo, esencialmente; lo que eres es ese espacio para todo ello. Pero como dices, algunas veces las olas se pueden poner muy intensas y la verdad es que normalmente no sabemos qué hacer con ellas.

A pesar de todo lo que hemos aprendido, a pesar de toda nuestra evolución espiritual, de todas las experiencias que hemos tenido y todas las reflexiones que hemos hecho y todos los despertares que hemos tenido, aún, a veces, esas olas aparecen como avalanchas demasiado intensas de dolor, como dices.

TS: O como un tsunami, digamos.

JF: Si, como un tsunami.

TS: Alguien que está experimentando algo así. No sólo una ola sino algo más parecido a "¡Oh dios mío, esto me va a destrozar!" 

JF: Si, si. Y esto le pasa hasta al más experto. Les sucede a las personas supuestamente más despiertas e iluminadas. Nadie es inmune a esos tsunamis. Eso es parte de la invitación, aunque sabes, un buen punto de inicio es ser realmente honesto acerca de este asunto. "Este tsunami está surgiendo, este tsunami de dolor, de miedo y, en este momento, no sé qué hacer con él". Este puede ser un maravilloso comienzo. En lugar de meterse en toda esa historia quejosa de "No sé qué hacer con esto," y "¿Qué estoy haciendo mal, porqué no puedo resolverlo? y "Esto me va a destrozar" y ya sabes, todas esas historias que nos contamos. Regresas realmente a la verdad de ese momento —que podría ser, en ese momento, podría ser "No sé realmente cómo enfrentar esto." 

A menudo digo que se ha hablado mucho acerca de la resistencia; muchas de las enseñanzas espirituales hablan acerca de la resistencia y de cómo siempre estamos resistiéndonos al momento y que deberíamos dejar de hacerlo; que nos resistimos al dolor, que nos resistimos al miedo y que deberíamos parar. Lo que pienso es que quizás sea más verdadero decir que nadie está resistiéndose activamente a su temor. Nadie está activamente resistiéndose al dolor. Tal vez sea más preciso decir que simplemente no sabemos cómo estar con nuestro dolor. Y no sabemos cómo convivir con nuestros temores. No es que nos estemos resistiendo. Más bien es que no sabemos cómo sentarnos con ellos, cómo estar con ellos.

Posiblemente se deba a que nadie nunca nos enseñó cómo sentarnos con el dolor, cómo estar con él. Se nos enseñó, desde muy pequeños, a no sentir demasiado esas cosas. Nos enseñaron que la tristeza es mala, que el miedo es malo o que el enojo no es bueno. Así que invertimos mucho de nuestro tiempo huyendo de esos sentimientos, porque realmente, ¿quién nos enseño, quién nos tomó de la mano en medio de nuestro dolor, en medio de nuestras penas, en medio de nuestras dudas? ¿Quién se sentó con nosotros y nos tomó de la mano y por un momento no intentó componernos o cambiarnos o llevarnos hacia un sitio diferente?

A mí me parece que realmente hemos olvidado, o quizás nunca supimos cómo convivir con esas olas gigantes. Y como dije antes, podría ser un precioso inicio simplemente admitir tu inocencia, en cierto sentido, admitir con completa humildad —"Realmente, no sé cómo estar con esto"— y empezar desde ahí.

TS: Ahora, qué le dirías a una persona que dice "No sé como estar con esto que es tan abrumador, sea lo que sea , ya sea miedo o alguna otra cosa, debido a que es muy intenso. Simplemente parece que hay aquí demasiada intensidad." A veces la gente dice, "Si me permito realmente sentir esto voy a empezar a llorar" y luego dicen "Si empiezo a llorar, no voy a terminar de hacerlo". Así que ¿qué le dirías a esa persona que siente miedo a la intensidad? 

JF: Eso es muy cierto. ¿Sabes? Normalmente digo "No creo que nos asuste tanto la muerte, pienso que nadie le teme realmente a la muerte, pienso mas bien que estamos muy atemorizados de la vida. Tenemos miedo de la intensidad de la vida, porque como dijiste, se puede poner muy intensa. Y ciertamente en estos cinco, seis años en que he estado viajando alrededor del mundo, hablando con la gente y realmente profundizando en todo esto con ellos, escucho con frecuencia eso. Dicen "Jeff, temo mucho que si permito tan sólo un momento este dolor, si realmente lo permito, si lo dejo libre, si no me resisto a él, si tan sólo dejo de huir de él por un momento, temo que se arraigue en mí. Que nunca se vaya. Esto me destruiría".

Es decir, aquí estamos hablando de miedos fundamentales. Temer ser destruido por esa ola. Que esta ola me aniquile, que esta ola me destruya, tú sabes. Esta ola, simplemente es más grande que yo. Me convertiré en algo "diferente". Hay demasiados temores alrededor de eso. Entonces, es aquí donde llegamos al mensaje principal de mi libro, que es "la aceptación profunda," porque siempre se trata de eso: "Bien, y ¿cómo acepto?" Cuando todo sale como quieres, cuando las olas son hermosas y tranquilas, cuando el día está soleado en el océano y las olas son suaves, parece muy fácil aceptar el momento presente. (Pero) cuando las olas se tornan intensas y surge el tsunami, la pregunta es "Bueno, ¿cómo voy a aceptar esto?"

Entonces tratamos de aceptar esos tsunamis. Esto es lo que digo en el libro. Hay mucha gente por ahí que conozco que está tratando de aceptar ese momento. Están intentando decirle "Si" a este momento. Hay muchos intentos. Tratamos de aceptar los tsunamis pero debido a nuestros temores y a la intensidad del momento, simplemente nos sentimos incapaces de aceptarlos. Nos sentimos incapaces de permitir. Así que nos enfrentamos con el tsunami y, en el momento, nuestra propia incapacidad para aceptarlo —nuestra propia incapacidad hace que fallemos en aceptarlo. Entonces eso se convierte en la verdad de ese momento, que hay ese gran tsunami y que hay, en ese momento, un sentido de limitación para enfrentarlo.

Lo que digo en el libro es que realmente no es que tú estés fallando. Eso no es una muestra real de tu fracaso; el hecho de haberte sentido incapaz de aceptar ese momento. Aquí hay una verdad mucho más profunda. Es la razón por la cual hablo de una aceptación profunda. Hablo acerca de la aceptación no como algo que hacemos, lo que digo en el libro es que la verdadera aceptación es lo que ya somos. Es tu otro nombre. Aceptación es otro nombre para lo que tú eres. La paz, el descanso y la libertad y todas esas cosas buenas que estamos buscando no son cosas por las que se pueda hacer algo para conseguirlas, es más una cuestión de recordar que estás hecho de eso. Fuiste hecho como aceptación. Esa es tu verdadera naturaleza. 

TS: ¿Puedes ahora explicarnos esto un poco más? No estoy segura de estarte entendiendo muy bien, con exactitud. Dices que lo que somos es aceptación, pero vemos que mucha gente no parece estar precisamente aceptando.

JF: Es muy cierto. Aceptación es lo que somos. Así fue como fuimos construidos y eso es lo que olvidamos. Diría yo que quizás este es el problema de la humanidad y todo el conflicto, todo el sufrimiento, toda la violencia y todas las conductas destructivas surgen de ese olvido acerca de lo que somos. 

Entonces, si lo pensamos bien, esta sería la forma más fácil de explicarlo. Si alguna vez te has puesto a meditar, estás ahí sentado observando cómo los pensamientos vienen y van; tal vez observes cómo las sensaciones surgen y desaparecen, y entonces empiezas a darte cuenta de que tal vez no seas tú quien creías ser porque si los pensamientos vienen y van, entonces estos no pueden realmente definir lo que eres porque lo que realmente eres en tu esencia no puede venir y desaparecer. No puede llegar e irse. No podría aparecer y desaparecer. Lo que realmente eres, es siempre, siempre está aquí. Siempre está presente. Creo que todo el mundo tiene ese sentido básico de estar aquí, de existir ahora, en este momento. Podemos dudar de todo, de todo lo que nos han dicho, de todo lo que nos han enseñado, excepto del hecho de que existimos en este preciso momento.

Hay un claro sentido de estar aquí. En realidad no importa en dónde estemos. No se trata de estar aquí o estar allá, sino de Ser en donde estemos. En cualquier parte del mundo donde nos encontremos, es Ser donde estemos. Todos tienen ese sentido y es a lo que llamo el océano, el océano de la consciencia, el océano consciente.

Así que te pones a meditar, te das cuenta de que los pensamientos vienen y van, que los sentimientos vienen y van, que las sensaciones vienen y van y empiezas realmente a darte cuenta que lo que en verdad eres no pueden ser esos pensamientos. Lo que yo soy no pueden ser esos sentimientos, lo que soy, en mi esencia, no pueden ser las sensaciones debido a que todas ellas van y vienen. Empiezas a hacerte consciente de que hay algo aquí que no va ni viene, que está siempre presente, este océano que eres —así es como lo llamo: el océano de lo que eres. Entonces, empiezas a advertir que dentro del océano que eres, dentro de ese amplísimo, siempre presente espacio que eres, todas las olas de la vida están siempre apareciendo y desapareciendo. Los pensamientos van y vienen. Las sensaciones llegan y se van. Todas las olas surgen y se disuelven en el océano que eres. Lo que tú eres siempre está ahí.

Así que cuando hablo de aceptación, lo hago desde un punto de vista diferente, tal vez, a como estuvimos acostumbrados a utilizar la palabra. Entonces, aceptación no se trata de yo (llevando a cabo) la aceptación: "tengo que aceptar este momento, tengo que aceptar mi miedo o tengo que aceptar este dolor". Se podría decir que en un nivel mucho más profundo, ese océano que eres ya ha aceptado o permitido desde un principio esas olas. Cualquier ola que surja en el océano de ti ha sido, en cierto modo, ya aceptada. Ya ha sido aceptada porque está apareciendo, porque está aquí. Entonces, si está apareciendo un pensamiento, significa a nivel más profundo, que el océano que eres, ya aceptó ese pensamiento.

Si hay una sensación apareciendo en este momento, significa que el océano que ya eres está aceptando esa sensación. Está permitiendo ese sentimiento. Está permitiendo esta tristeza. Está permitiendo este dolor. Está permitiendo esta alegría. Si está surgiendo una ola en ti, significa, básicamente, que aquello que tú eres le ha dado el Si en cierto sentido. Y en cierto sentido, lo que tú eres ha dicho Si a este momento, exactamente como es. Así que esos pensamientos, esas sensaciones, esos sentimientos, incluso esa duda o esa confusión o ese dolor que aparece en este momento —a un nivel más profundo, lo que tú eres, ya lo está permitiendo, lo que tú eres ya lo está aceptando, lo que eres ya ha dicho que Si a ello. Entonces, aunque a un nivel superficial, algo parezca inaceptable para ti, para la mente, para el pensamiento, tu pensamiento podría decir: "esta tristeza no debería estar aquí" o podría decir, "esto es demasiada tristeza." O un pensamiento incluso podría decir, "esta tristeza no es suficiente", porque el pensamiento siempre está comparando y en el fondo, ese océano que eres ya está permitiendo esa tristeza. 

Esa tristeza ya ha sido bienvenida en ti, por eso está ahí. Claro, en cierto modo, esto está en contra de nuestro sentido común por como fuimos enseñados y podría parecer, sobre todo cuando se escucha por primera vez, podría parecer una locura o sonar muy confuso. Pero realmente, no es algo que tú crees, es algo que empiezas a notar dentro de tu propia experiencia. Es como cuando la vida se convierte en una meditación constante, y te das cuenta de los pensamientos, de las sensaciones, de los sentimientos y empiezas también a notar a un nivel más profundo, que cualquier cosa que surja en este momento, incluso si se trata de algo muy intenso, que básicamente no es tu enemigo.

Pienso que este es el punto más importante, que si la tristeza está surgiendo en ti, aunque sea demasiado intensa, no se trata de un enemigo. Ninguna ola puede estar en contra del océano. Eso ya ha sido aceptado en ti. Entonces, lo que diría es que la vida es esa constante invitación a recordar esta naturaleza ya aceptada de experiencia presente. Así es como vemos que la aceptación no es algo que tú haces. No se trata de "ya acepté este momento" o "no acepto este momento". Es notar a un nivel más profundo que este momento ya ha sido aceptado. A eso es a lo que me refiero cuando hablo de aceptación profunda. Es una aceptación que va más allá del "yo acepto" y del "yo no acepto".

En cierto modo, es rendirse completamente a la vida. Es una total rendición. Es como reconocer tu total humildad ante la vida. Pero no es un sitio de impotencia ni pasividad. Diría yo que es completamente lo opuesto, porque se trata de descubrir ese "Si" de la vida que incluye todo. Es un "Si" a cada momento, pero no como algo por lo que tienes que luchar para lograr. No se trata de luchar para lograr decir "Si", porque eso resultaría muy cansado, pienso, tratar de aceptar este momento aunque el momento sea muy difícil. Tratamos y tratamos y tratamos de aceptarlo. Puede resultar exhaustivo, tratar de aceptar este momento. 

Pero incluso ese estar exhausto es parte de la invitación, darte cuenta, darte por vencido en ese intento de aceptar e identificar que en el fondo este momento ya fue permitido. Esos pensamientos, esas sensaciones, esos sentimientos, esas olas de experiencia ya han llegado, entonces, es demasiado tarde como para luchar contra ellos. Es demasiado tarde para aceptarlos y es ya demasiado tarde para evitarlos porque ya están aquí. 

TS: Sería correcto decir, Jeff, utilizando esta metáfora de las olas y del océano —desde una perspectiva práctica y desde este punto de vista— que si alguien se siente muy identificado con algún tipo de ola demasiado intensa de experiencia que parece muy difícil o abrumadora, que si cambian su atención hacia la naturaleza oceánica de esa experiencia, ¿eso permitirá generar ese espacio necesario para el reconocimiento de la aceptación? ¿Qué opinas de esto? Sentirse el océano en lugar de identificarse con la ola.

JF: Bueno, eso es verdad. Se trata de que recordemos nuestra verdadera identidad como ese vasto, espacioso océano en lugar de identificarnos como esa persona limitada. Cada momento constituye esta invitación a recordar que realmente somos mucho más vastos de lo que nos hemos imaginado. Creo que ahí está el centro del sufrimiento, especialmente de mucha gente que he conocido en los últimos años. Existe esta creencia cuando estamos sufriendo, de que somos demasiado insignificantes, de que estamos demasiado limitados para abordar los asuntos. "Este dolor es demasiado grande para mí, o este temor es demasiado para mí o esta pena es demasiado grande para mí". Así es como se puede llegar a sentir, aunque en realidad, este momento nunca podría ser demasiado para mí. 

Cualquier cosa que esté sucediendo en este momento, aunque el momento sea demasiado intenso y esté impregnado de dolor y de miedo, podríamos decir que hay algo aquí que ya está sosteniendo este momento, hay algo que está abrazando este momento. Es algo que está ya permitiendo que este momento sea, incluso si personalmente te sientes incapaz de lidiar con él, aún si te sientes incapaz de aceptar este momento. Lo que tú eres, ese vasto océano, ya está sosteniendo ese miedo.

Entonces el sufrimiento realmente depende de la identificación. Por ejemplo, cuando hay una ola de temor —o de cualquier otra cosa como miedo, enojo, tristeza— es una invitación a recordar aquello que eres. Lo que tú eres en este momento está sosteniendo el temor, lo que tú eres es ese espacio en donde entra ese temor. Lo que yo soy en este momento es el espacio para este miedo. De algún modo le estoy permitiendo un espacio a ese enojo. Ya sabes, le estoy dando a este enojo un espacio para que respire. Le estoy dando la libertad a este enojo para que se exprese. Le estoy dando la libertad a este dolor para que se exprese. Le estoy dando la libertad a esta tristeza, a esta duda, para que se exprese.

En cierto modo, todo esto es completamente opuesto a lo que hemos aprendido acerca de nosotros mismos. Esto parece darle un vuelco a la vida, sin embargo, nos recordamos como este vasto océano que está permitiendo que estas olas sean. De alguna manera, estas olas, una ola de enojo no es ningún enemigo. Eso fue lo que nos enseñaron, tal vez. Una ola de dolor, una ola de tristeza no es el enemigo; como el océano, podrías decir que se trata de uno de tus hijos, ¿o no? Como océano, diste nacimiento a esa ola de enojo, diste nacimiento a una ola de tristeza. Estos no son enemigos que deban ser destruidos, sino niños que deben ser apoyados, que deben ser amados en este momento. La vida no te pide más que eso. Simplemente te encuentras afrontando este momento de enojo. 

Cuando entramos en la identificación, cuando olvidamos nuestra verdadera identidad, como dijiste, el océano, este vasto océano, este vasto espacio en donde aparece en este momento el miedo; cuando olvidamos lo vastos que somos, cuando olvidamos lo espaciosos que somos. Cuando olvidamos lo amorosos que somos o cuando olvidamos nuestra capacidad de abrazarlo todo. Nos empezamos a identificar con la ola. Y así, en lugar de recordarnos como ese vasto océano en donde llega y se disuelve el miedo en ese momento, nos identificamos como alguien que se siente asustado. Pienso que esta es la diferencia fundamental entre recordar lo que realmente eres y olvidar lo que realmente eres. Es esa identificación. Así que nos recordamos a nosotros mismos en este momento y sólo en este momento, porque eso es todo lo que hay, finalmente. Si nos recordamos a nosotros mismos ahora como ese vasto océano en donde la ola del miedo es admitida y no nos identificamos como "Yo soy ese que está asustado" o "Yo soy ese que se siente triste" o "Yo soy ese que está sufriendo, yo soy la víctima" —porque siempre hay una especie de historia de victimismo detrás de todo esto. 

No se trata de rechazar ni negar la ola. No se trata de querer alejar la ola. No se trata de decir "Oh, este miedo no me va a tocar. Estoy más allá del temor." Sabes, todo ese tipo de atajos espirituales que a veces queremos tomar. No se trata de eso. Se trata más bien de ese reconocimiento de que el miedo está aquí, percibiéndolo, notándolo, y al mismo tiempo recordarme a mí mismo como ese espacio completamente abierto que está sosteniendo este miedo. Así que el miedo tiene permiso para moverse a través de mí, pero a fin de cuentas, no me define. Así que ambos aspectos se dan. Es como permitir que el miedo se exprese totalmente sin que yo intente evitarlo. Pero al mismo tiempo recordarme como ese vasto espacio. 

**Transcripción de parte de una entrevista con Jeff Foster, Noviembre de 2012

La primera charla es una entrevista a Maria Belón la mujer en cuya experiencia está basada la película de "Lo imposible", superviviente del tsunami que asoló el sudeste asiático en la navidad del 2004.



La segunda es una charla de Ted que merece la pena escuchar. Esquiadora de fondo, Janine Shepherd, esperaba una medalla olímpica... hasta que fue atropellada por un camión durante un entrenamiento en bicicleta. Ella comparte una historia poderosa sobre el potencial humano para la recuperación. Su mensaje: no eres tu cuerpo, y renunciar a viejos sueños puede permitirte nuevos para volar.







sábado, 23 de febrero de 2013

Abrete a la Tristeza


Siempre que te sientas triste, siéntate en silencio y deja que esa tristeza te invada; no trates de escapar de ella. Siéntete lo más triste que puedas. No la evites. Recuerda esto. Llora al máximo, tírate por el suelo, revuélcate...y deja que desaparezca por sí misma. No la expulses; se irá, porque nada permanece para siempre.

Cuando se vaya, te sentirás descargado, absolutamente aliviado, como si toda fuerza de la gravedad hubiera desaparecido y pudieras volar, sin peso alguno. Es el momento de entrar en ti mismo. Primero, ábrete a la tristeza. Corrientemente, no te abres a ella; buscas sistemas para poder fijarte en otras cosas; vas al restaurante, te reunes con amigos, lees un libro o vas al cine, o tocas la guitarra; haces algo para poder sumirte en ello y distraer tu atención.

Has de recordar esto: cuando te sientas triste, no te pierdas la oportunidad. Cierra las puertas, siéntete tan triste como puedas, como si el mundo entero fuera un infierno. Sumérgete en ella, profundiza en ella. Deja que cualquier pensamiento de tristeza te invada, deja que la emoción te agite. Y llora, gime, exprésate...en voz alta...no tienes por qué preocuparte.

En primer lugar, vive esa tristeza durante unos días, y cuando la tristeza desaparezca te sentirás muy calmado, tranquilo, como tras una tormenta. En ese momento siéntate en silencio y disfruta del silencio que está apareciendo en ti. No lo has provocado; te abriste a la tristeza. Cuando la tristeza desaparece, en ese espacio, surge el silencio. Escúchalo. Cierra tus ojos. Siéntelo...percibe su textura...su fragancia. Y si te sientes feliz, canta y baila.

Osho

Aunque este texto de Osho habla de la tristeza, se puede aplicar a cualquier emoción que estés experimentando en este momento en tu vida. Darse permiso para sentir la intensidad, abrirte a la emoción, dejar que esté ahí, dejarla que se mueva, que aumente. Sentarte con ella al igual que si fuese un hijo tuyo que está experimentando esa misma emoción y que lo único que necesita de tu parte es que le acompañes, que le des cariño, que lo escuches. La emoción es ese niño incómodo con el que no queremos estar, ese niño triste, enfadado, frustrado, perezoso, cuya compañía queremos obviar pero que lo único que reclama es atención, presencia, cariño. No necesita de nuestra parte más que comprensión. No necesita que lo analicemos, que le demos soluciones, que interpretemos lo que está sintiendo por él. Sólo necesita nuestro silencio, nuestro abrazo silencioso para calmarse.

Cuando mi hermano era pequeño solía tener episodios de terrores nocturnos. Se despertaba en medio de la noche y empezaba a llorar mirando a la pared. Mi madre se acercaba a la habitación y le cogía en brazos. Mi hermano gritaba, "míralo mama, está ahí" con los ojos abiertos aunque profundamente dormido. Al principio mi madre intentaba razonar con él, decirle que no había nada en la pared, que estaba a salvo, que ella estaba con él. Pero mi hermano seguía angustiado llorando, con miedo,  mirando fijamente a la pared. Luego mi madre simplemente le abrazaba, estaba con él, le acunaba hasta que poco a poco él se iba relajando y durmiendo de nuevo.

Nuestro niño interior dolido no necesita que razonemos con él, simplemente necesita que le escuchemos, que respetemos su sentir sin juicio, sólo necesita nuestro abrazo sentido para calmarse de nuevo. Entonces como dice Osho surge el silencio, surge la transformación.

*** La pintura que sirve de introducción a esta entrada aunque se ha atribuido en ocasiones a Gustav Klim es de una pintora francesa, Anne Marie Zylberman, y se titula "Lágrima de Oro". Todas sus pinturas, con una cierta semejanza a Klim son preciosas pero esta es una de mis favoritas.  Podéis ver más obras de esta autora si la buscáis en internet. Seguro que alguna más se dejará caer por este espacio.





viernes, 15 de febrero de 2013

Porqué lo llaman amor cuando quieren decir adicción



"Las personalidades no aman, quieren algo." Byron Katie
En las primeras etapas de muchas supuestas relaciones románticas, es bastante común que las personas representen personajes con el fin de atraer y retener a quien quiera que el ego perciba ha de ser la persona que "me dará felicidad, me hará sentir especial y satisfará todas mis necesidades".
 
"Representaré el papel de quien deseas que yo sea, y tú desempeñarás el papel de quien yo deseo que seas". Ese es el acuerdo tácito e inconsciente. Sin embargo, representar personajes implica un gran esfuerzo que no se puede mantener indefinidamente, en particular después de que se inicia la vida en común. ¿Qué queda cuando se abandonan los personajes? Infortunadamente, en la mayoría de los casos no queda todavía la verdadera esencia de ese ser sino lo que cubre la verdadera esencia: el ego desnudo privado de sus máscaras, con su cuerpo de dolor y sus frustraciones que ahora se convierten en ira dirigida principalmente contra el cónyuge o la pareja por no haber eliminado el miedo subyacente y la carencia, elementos intrínsecos del sentido egotista del ser.
 
En la mayoría de los casos, el llamado "enamoramiento" es una intensificación de los deseos y las necesidades. Nos volvemos adictos a otra persona, o mejor, a la imagen que hemos fabricado de ella. No tiene nada que ver con el verdadero amor, el cual no conoce la carencia. El español es el idioma más honesto con respecto a las nociones convencionales del amor: te quiero significa a la vez "te deseo" y "te amo", pero ésta última expresión, en la cual no hay esa ambigüedad, rara vez se utiliza, quizás porque el amor verdadero es igualmente escaso.
 
A menos que accedas a la frecuencia consciente de la presencia, todas las relaciones, y, en particular las relaciones íntimas, acabarán fracasando y siendo disfuncionales. Puede que parezcan perfectas durante un tiempo, mientras estás "enamorado", pero esa perfección se altera invariablemente a medida que van produciéndose discusiones, conflictos, insatisfacciones y violencia emocional o incluso física..., momentos de tensión que suceden con creciente frecuencia. Parece que la mayoría de las "relaciones amorosas" pasan a convertirse muy pronto en relaciones de amor/odio. En ellas, el amor puede dar paso en un abrir y cerrar de ojos a una agresividad salvaje, a sentimientos de hostilidad o a la total ausencia de afecto. Esto se considera normal. La relación oscila un tiempo, unos meses o años, entre las polaridades de "amor" y odio, y produce tanto placer como dolor. Es bastante habitual que las parejas se hagan adictas a estos ciclos.

La carga dramática hace que los miembros de la pareja se sientan vivos. Cuando se pierde el equilibrio entre lo positivo y lo negativo, y los ciclos destructivos se presentan con mayor frecuencia e intensidad - algo que acaba ocurriendo antes o después -, la relación no tarda en colapsar. 

Puede parecer que todo estaría bien y la relación florecería estupendamente si lograras eliminar los ciclos negativos o destructivos; pero eso es imposible. Las polaridades son interdependientes. No se puede tener una sin la otra. Lo positivo ya contiene en sí la semilla de lo negativo. Ambos son, de hecho, aspectos de la misma disfunción. Aquí estoy hablando de lo que suele conocerse como relaciones románticas; no del verdadero amor, que no tiene opuesto porque surge de más allá de la mente. El amor, como estado continuo, aún es muy raro y escaso, tan escaso como un ser humano consciente. No obstante, puede haber breves y elusivos vislumbres de amor cuando se producen discontinuidades en la corriente mental.

Resulta más fácil reconocer como disfuncional el lado negativo de una relación que el positivo. Y también es más fácil que veas el origen de la negatividad en tu compañero o compañera que en ti mismo. La disfuncionalidad puede manifestarse de muchas maneras: posesividad, celos, control, retraimiento y resentimiento no manifestado, necesidad de tener razón, insensibilidad y ensimismamiento, exigencias emocionales y manipulación, tendencia a discutir, criticar, juzgar, culpar o atacar, rabia y venganza inconsciente por el daño sufrido en el pasado a manos de un padre, ira y violencia física.

En el aspecto positivo, estás "enamorado" de tu compañero o compañera. Al principio, éste es un estado satisfactorio. Te sientes inmensamente vivo. Tu existencia adquiere repentinamente significado porque alguien te necesita, te quiere y te hace sentirte especial, y tú haces lo mismo por ella o él. Cuando estáis juntos, os sentís completos. El sentimiento puede llegar a ser tan intenso que el resto del mundo parezca insignificante.

No obstante, quizá te hayas dado cuenta de que esta intensidad tiene una cualidad de necesidad y apego. Te vuelves adicto a la otra persona. Él o ella actúa sobre ti como una droga. Cuando la droga está disponible te sientes muy bien, pero la posibilidad o el simple pensamiento de que esa persona pueda no estar disponible provoca celos, posesividad, intentos de manipulación mediante chantaje emocional, culpas y acusaciones; en resumen: miedo a la pérdida. Si la otra persona te abandona, ese hecho puede dar lugar a la mayor hostilidad o a la pena y a la desesperación más honda. La ternura amorosa puede convertirse en una agresividad salvaje o en un dolor horrible. Y en tal caso, ¿adónde ha ido el amor? ¿Puede el amor transformarse instantáneamente en su opuesto? ¿Fue amor lo que hubo en primer lugar o sólo un apego adictivo?

Eckhart Tolle, "El Poder del Ahora"






jueves, 14 de febrero de 2013

Mi regalo de San Valentín



"Tu tarea no es buscar el amor, sino tan sólo buscar y encontrar todas las barreras internas que has creado contra él" Rumi

No creo mucho en San Valentín. Es una fiesta que nunca he celebrado, ni cuando tenía pareja ni sin ella. Hoy siguiendo una práctica que ya he comentado en alguna ocasión, he cogido un libro y lo he abierto por una página al azar, y me he encontrado con esta carta. ¡Me ha dejado alucinada!

¡A ver si va a ser que San Valentín sí que cree en mí! Sorpresa

Querida:

Todo el mundo ansía entregarse a otro, tener una profunda relación de alma a alma con otro, ser amado total y exclusivamente, pero yo digo "No". Hasta que estés satisfecha, realizada y contenta de estar sola, de darte completa y totalmente a Mí, no estarás preparada para tener la relación única e intensamente personal que he planeado para ti. Nunca estarás unida a nadie o a nada más hasta que estés unida a Mí. Quiero que dejes de hacer planes, dejes de desear y empieces a permitirme que te dé el plan más excitante que existe, uno que no puedes ni imaginarte. Quiero que tengas lo mejor. Por favor, permíteme que te lo dé.

Debes seguir mirándome mientras esperas las cosas más maravillosas. Sigue experimentando la satisfacción de que Yo Soy. Sigue escuchando y aprendiendo las cosas que te diré. Espera. Eso no es todo. No seas ansiosa. No te preocupes. No mires lo que otros tienen o lo que les he dado. No mires lo que crees que quieres. Sólo sigue mirándome a Mí o te perderás lo que quiero mostrarte. Y entonces, cuando estés preparada, te sorprenderé con un amor más maravilloso de lo que hayas podido soñar.

¿Sabes?, hasta que estés preparada y hasta que quien tengo para ti esté preparado (estoy trabajando ya en teneros preparados al mismo tiempo), hasta que ambos estéis satisfechos exclusivamente conmigo y con la vida que he preparado para vosotros, no podrás experimentar el amor que ejemplifica tu relación conmigo. Éste es el Amor Perfecto.

Y, querida, quiero que tengas este maravilloso amor. Quiero ver al natural una imagen de tu relación conmigo, y disfrutar material y concretamente de la unión sempiterna de belleza, perfección y amor que te ofrezco. Te amo totalmente. Créelo y date por satisfecha.


Con todo mi amor, 

Dios











jueves, 7 de febrero de 2013

De dentro hacia afuera


Entendí que la verdadera felicidad y gozo sólo podría encontrarlos amándome a mí misma, entrando en mi interior, siguiendo mi corazón y haciendo aquello que me diera alegría. Descubrí que cuando mi vida parece no tener dirección y me siento perdida lo que realmente significa es que he perdido mi sentido de Ser Yo Misma. No estoy conectada con Quien Realmente Soy y con lo que vine a Ser aquí. Esta ha sido la tendencia cuando dejo de escuchar a mi propia voz interna y entrego mi poder a fuentes externas.

Anteriormente, cuando me sentía perdida, uno de las primeras cosas que hacía era buscar afuera las respuestas. Buscaba en libros, profesores y gurús con la esperanza que ellos me proveyeran la siempre elusiva solución.

Encontré que tener un punto de vista de "dentro hacia afuera" significa ser capaz de confiar completamente en mi guía interna. Es como si lo que yo siento, tiene un impacto en mi universo entero.

Si las cosas parecen retadoras, en lugar de tratar de cambiarlas físicamente empecé a examinarlas con mi mundo interno. Si estoy estresada, ansiosa, infeliz o algo similar, voy adentro de mi misma y tiendo a ser eso, primero. Me siento conmigo misma, camino en la naturaleza o escucho música hasta que logro centrarme en dónde me siento en calma y sosegada. Me doy cuenta que cuando hago eso, mi mundo externo también cambia y muchos de los obstáculos simplemente desaparecen sin que realmente haga nada.

Si me tomo el tiempo para buscar mi centro, sin importar lo que la gente a mi alrededor piense, muchos de los primeros bloqueos y tropiezos desaparecen una vez que soy consciente de mi conexión con el Todo, sintiéndome en calma y feliz. Recibo mucha claridad durante estas sesiones y simplemente, al estar centrada, muchos de los retos dejan de existir. 

Cuando vivimos completamente desde la mente durante un largo periodo, perdemos contacto con el ser infinito y luego empezamos a sentirnos perdidos. Esto pasa cuando estamos dedicados a hacer todo el tiempo, en lugar de ser. Lo segundo significa vivir desde el alma y en un estado de permitir. Permitirnos ser quienes somos, sin juicios. Ser no quiere decir que no hagamos nada. Es sólo que nuestros actos se derivan de seguir nuestras emociones y sentimientos, estando presentes en el ahora. Hacer por otro lado está enfocado en el futuro, con la mente creando una serie de tareas que nos tiene de aquí para allá con el fin de lograr un resultado en particular, sin contar para nada con nuestro estado emocional presente.

He descubierto que para determinar si mis acciones vienen del "hacer" o del "ser", sólo necesito mirar a la emoción detrás de las decisiones que tomo a diario. ¿Es miedo o es pasión? Si todo lo que hago cada día es dirigido por la pasión y el entusiasmo por la vida, entonces estoy "siendo", pero si mis actos son el resultado del miedo, entonces estoy "haciendo".

Anita Moorjani, "Muero por ser yo"






martes, 5 de febrero de 2013

Aprender a vivir



Lo que tiene que hacerse, tiene que hacerse. Aquello por lo que tienes que pasar, tienes que pasarlo. Cada cosa surge en tu vida en un determinado momento para ser vivida, para ser vivenciada. En el caso de que quieras huir de ella, sólo vas a retrasar el espinoso camino por el que tendrás que pasar obligatoriamente. Siempre que atraes un acontecimiento, una persona, una situación en tu vida, siempre que ese encuentro se dé (entre ti y aquello con lo que vas a ser confrontado), es porque es la hora de vivir eso al nivel más profundo que seas capaz. Si no lo deseabas o pensabas que no podías vivir esa situación, te habrías anticipado, habrías hecho otras elecciones que desembocarían en otras situaciones. Y en ese caso atraerías otras situaciones para vivir. Pero ha sido ésta situación que has atraído ahora, y ahora es el momento de vivirla. ¿Quieres un consejo? No huyas. Vive lo que tengas que vivir, aprende con la experiencia, y, sólo entonces, empieza de nuevo. No dejes de aprovechar esta oportunidad para vivir esta situación hasta el final, hasta el límite. Esta situación es ahora tu gran maestra. Es aquí donde vas a aprender, es aquí donde vas a evolucionar. Y cuando la tormenta haya pasado, cuando lo que haya que aprender haya sido aprendido, mira al cielo y podrás ver una estrella más que fue ahí colocada en tu honor. Y yo seguiré contigo. Protegiéndote dondequiera que vayas. 

Jesús

Alexandra Solnado, "El libro de la Luz". Este libro ha sido un gran descubrimiento para mí. En la página web de la autora en español, podéis acceder a un oráculo con los mensajes del libro: http://www.alexandrasolnado.net/Spanish/index.php

Este mismo mensaje es el que transmite Sergi Torres en este extra de la película "Yo, libre. Un viaje al instante presente" que ya compartimos en una entrada anterior de este blog.








viernes, 1 de febrero de 2013

Amar lo que Es



Adoro el trabajo de Byron Katie desde que lo descubrí hace ya varios años. No encuentro herramienta mejor para cuestionar nuestras creencias y suposiciones. Suelo recomendar su trabajo y su libro "Amar lo que Es". Casi me atravería a decir que es una lectura "obligada" si lo que quieres es ser feliz. Y su último libro, "Necesito que me quieran, ¿es eso verdad?" centrado en nuestras expectativas en las relaciones es todavía mejor. En esta web podréis ver alguno de sus vídeos en español: http://www.thework.com/espanol/

Se que lo simple, lo sencillo no tiene muy buena prensa. A nuestra mente le encanta la complicación, el razonamiento, la lógica. Pero siempre he intuido que tenía que haber una forma más sencilla de moverse por la vida, un camino más fácil. La verdad es simple y este texto que comparto hoy con vosotros me ayudó a soltar mucho lastre y caminar por la vida más ligera de equipaje. Deseo que tenga el mismo efecto en vosotros...

"Lo que necesito es lo que tengo"

Es facil ser absorbido totalmente por lo que crees que necesitas de una relación: "Necesito que estés sentado donde pueda verte. Necesito que me digas lo que estás pensando. Necesito que me digas la verdad. Que no me dejes nunca. que confíes en mí. Que me creas. Que seas puntual. Que mantengas tus promesas. Que sonrías. Que me des la mano en público. Que seas más extrovertido. Que me escuches. Que estés disponible. Que me ayudes. Que te cases conmigo. Que estés a mi lado. Que duermas conmigo. Que me des tu dinero. Que me cuides. Que estés de acuerdo conmigo. Que veas que no tienes razón. Que sepas cuándo quiero estar solo. Que sepas lo que necesito sin tener que decírtelo. Que seas menos sensible. Que seas más sensible. Que dejes de ser amigable con la gente que no me cae bien. Que seas más amable con mis amigos. Que cambies la música. Que me ames."

Ahora tus necesidades ya son familiares. Y sabes cuál es el efecto en tu vida cuando crees que tienes derecho a que sean satisfechas y no ocurre así. El resultado es una búsqueda imposible llena de separación, frustración y resentimiento.

Hay una ruta directa para entender tus necesidades. La ruta directa es simplemente algo que pones en práctica. Cuando estés listo puede suponer un gran alivio, como cuando llegas a casa después de un viaje muy largo. Y, si no estás preparado para ello, sé muy amable contigo mismo. Sé sincero respecto a lo que piensas que necesitas. Cuando una necesidad se convierte en dolorosa, usa la indagación (http://www.thework.com/espanol/) para cuestionarla, y si aún parece cierta, pídela: "Necesito que te acuerdes de mi cumpleaños y me llames. Por favor, escríbelo en tu agenda". Eso es vivir tu integridad en ese momento.

El camino directo es dejar que la realidad sea la guía de tus necesidades. "Lo que necesito es lo que tengo". Esto no es algo que haya que creerse. Es la forma que toman las cosas ahora, lo creas o no. ¿Qué aspecto tienen?

¿Cómo sabes cuándo no necesitas a los demás? Porque en esos momentos  no están en tu vida. ¿Cómo sabes cuando los necesitas? Porque están en tu vida. No puedes controlar las idas y venidas de la gente que te importa. Lo que puedes hacer es tener una buena vida, vengan o se vayan. Puedes invitarlos y ellos pueden venir o no. Y sea cual fuere el resultado, eso es lo que tú necesitas. La realidad es la prueba. 

¿Cómo sabes que no tienes que levantarte? Porque estás sentado. La vida se convierte en algo mucho más sencillo de esta manera. ¿Cómo sabes cuándo tienes que hacer algo? Porque lo haces. Pensar que tienes que hacer algo cuando no lo estás haciendo es mentira (adios "ego" ;)). Te hace estar en una posición incómoda, llena de vergüenza, culpa y frustración. Estás tumbado en la cama, te atascas con el pensamiento "tengo que levantarme", y no lo haces. La verdad es que no tienes que levantarte. No necesitas hacerlo hasta que lo hagas.

¿Intentas motivarte con el pensamiento de que necesitas hacer algo y acabas haciendo nada? Eso sería un descubrimiento interesante. "Tengo que hacerlo", es sólo un pensamiento. Prueba el efecto de la versión invertida: "No tengo que hacerlo", y date cuenta de que la única ves que necesitas hacer algo es cuando lo haces. Es un experimento maravilloso.

¿Piensas que tienes que tomar una decisión? No tienes que hacerlo, no hasta que se tome. Después, puede que te des cuenta de que tú no tomaste realmente la decisión: se tomó a sí  misma, justo a tiempo, en el momento en que tenías la información necesaria. ¿Cómo sabes que tenías toda la información necesaria? Porque la decisión se tomó.

El camino directo te hace que necesites y quieras lo que está ocurriendo delante de ti. Y lo que ocurre delante de ti sigue expandiéndose hasta que lleno se convierte en una palabra demasiado pequeña.

"Soy un amante de lo que es, no porque sea una persona espiritual, sino porque me duele cuando discuto con la realidad. Ningún pensamiento en el mundo puede cambiar eso. Lo que es, es. Todo lo que necesito ya está aquí ahora. ¿Cómo sé que no necesito lo que pienso que necesito? Porque no lo tengo. Así, todo lo que necesito me es provisto siempre."

Byron Katie, "Necesito que me quieran, ¿es eso verdad?"