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martes, 15 de enero de 2013

El silencio del corazón



El silencio es la esencia del corazón. No puedes estar en el corazón a menos que te perdones a ti mismo y perdones a los demás. No puedes estar en tu corazón si te sientes preocupado o enfadado. No puedes estar en el corazón si tu respiración es superficial o forzada.

Cuando la respiración es superficial, el pensamiento es superficial. Si quieres vivir una vida espiritual, pon conciencia en tu respiración. Sé consciente de las ocasiones en las que inspiras superficialmente y lleva conciencia a tus pensamientos. Verás que tu mente está parloteando. Ninguno de esos pensamientos tiene profundidad ni significado. Si te relajas y respiras profundo, esos pensamientos se alejarán volando como pájaros sorprendidos. Y entonces estarás en el corazón. Cuando tu respiración es forzada, el pensamiento está siendo impulsado por el miedo y la ansiedad. Tus estados mentales tienen su raíz en el pasado o en el futuro. Es posible que te enfoques en lo que hacen otros y en cómo te puedes adaptar a ellos o protegerte de sus acciones. Estás construyendo una fortaleza de pensamientos alrededor de tu corazón. Toma una respiración profunda y relájate. Ahora toma otra. Respira y vuelve al corazón. Respira y vuelve a tu Ser esencial.

A menos que retornes al corazón, no podrás mirar con compasión. Y quien no mira con compasión no ve con precisión. Todo lo que percibe es un montaje, una exageración que sólo alimenta su aburrimiento o su ansiedad. 

La respiración es clave para vivir una vida espiritual cuando estás encarnado en un cuerpo físico. Cuando el cuerpo muere, la respiración lo abandona. ¿Adónde va? La mayoría de vosotros creéis que el cuerpo genera la respiración. En realidad, ocurre al revés. Es la respiración la que produce el cuerpo. Cuando la respiración se va, el cuerpo deja de funcionar. Se desintegra en la nada porque, sin el aliento del Espíritu, el cuerpo no es nada.

Si quieres vivir una vida espiritual, respira lenta y profundamente. Lleva el aire a lo profundo de tu abdomen y suéltalo completamente. Cuanto más aire lleves a tu cuerpo, más ligero te sentirás y más fácil te será cumplir tus responsabilidades. Quien respira profundo no se siente atemorizado ni abrumado por lo que la vida le presenta, porque dispone de energía para afrontar todas las circunstancias. Solo quien respira superficial e irregularmente se siente sin energía y se deja intimidar por los retos de la vida. A menos que respires profundo y en calma, no podrás estar en tu corazón. Si no sabes de qué estoy hablando, deja a un lado este artículo y empieza a respirar hacia el abdomen, contando hasta cinco en la inspiración y volviendo a contar hasta cinco en la espiración. Respira así durante cinco minutos, extendiendo progresivamente la cuenta hasta siete, ocho o nueve. No fuerces. Sólo expándete gradualmente, en la medida que lo permitan tus pulmones.

Ahora estás en tu corazón. Date cuenta de que estás relajado y, sin embargo, muy alerta. Tu conciencia se extiende a todas las células de tu cuerpo. Te sientes contento de estar donde estás. En este momento habitas plenamente tu cuerpo. Sientes energía y calidez. Te sientes seguro. Tus pensamientos se han ralentizado. Ya no te enfocas en los “debería” y en los “qué pasaría si” de tu vida. La tensión y la ansiedad están ausentes. El pasado y el futuro están recesivos en tu conciencia. Tu pensamiento es digno y está centrado. Puedes observar tus pensamientos porque hay menos y están más distanciados. Ahora lleva tu conciencia hacia tu corazón mientras continúas respirando delicada y profundamente hacia tu abdomen.

¿Puedes sentir la presencia de la comprensión y de la compasión en tu centro corazón? ¿Puedes ver que te aceptas delicadamente a ti mismo y que aceptas a los demás? ¿Puedes sentir el amor que habita en tu corazón y se extiende libremente a otros?

Ahora estás en tu corazón. Ahora estás en el silencio del que surge todo sonido.

Debajo de la mente pensante hay una conciencia pura y sin juicio. En cuanto descubres dicha conciencia, el corazón se abre y puedes dar y recibir sin esfuerzo.

Solo tu miedo hace que sigas resistiéndote a la vida. Supera el miedo respirando y la resistencia se disuelve. ahora estás fluyendo con la corriente de la vida y así ella puede apoyarte.

Paul Ferrini, El Silencio del Corazón

Os dejo este ejercicio de meditación en 1 minuto







lunes, 23 de abril de 2012

Dentro de ti habita un Mundo...



"Nunca se me había ocurrido que sentirse vacío sería en realidad el camino para alcanzar algo más profundo y más rico en mi interior" Tony Schwartz

Dentro de ti habita un Mundo, por debajo de las ilusiones que has creado y a las que llamas tu casa.

No es un mundo de formas. Allí no hay cuerpos que representen papeles. No hay bebés, no existen madres ni hijos, tampoco existen profesores o alumnos, no hay políticos ni banqueros, tampoco trapecistas o artistas. En ese mundo no eres lo que haces, ni lo que tienes. Simplemente eres, sin adjetivos ni aditivos. Pura inocencia.

Dentro de ti habita un Mundo, y tú eres ese Mundo. Tú lo eres TODO, sin limitación. Las palabras, los sonidos y las imágenes no tienen cabida.

Entonces, ¿Qué hay?

Nada, el vacío.

Eso da miedo. Estamos acostumbrados a llenar huecos, con palabras, con sonidos o imágenes. Nos entretenemos para no tener que hacer frente a ese vacío, entonces hacemos cosas, o acumulamos cosas. Tratamos de llenarlo, desde fuera.

Le ponemos una tapa y lo encerramos en lo más recóndito de nosotros. Lo ocultamos, lo negamos o pintamos de mil colores para hacerlo un poco menos fiero.

Y en ocasiones las distracciones de nuestro mundo de formas hacen que nos olvidemos de esa vasija que mantenemos cerrada.

Pero, de repente, algo la agita. La tapa se mueve con riesgo de destapar al "monstruo" del que hemos estado huyendo durante tanto tiempo. Nos cuesta mantener la tapa en su lugar, algo bulle dentro precipitando un desenlace que no querríamos que pasase.

Luchamos contra ella, nos revolvemos, no queremos hacer frente a ese "monstruo" que todavía no hemos desenmascarado.

En el fondo hay miedo, miedo a lo desconocido, al silencio, a su quietud. ¿Qué quiere de nosotros?

Al igual que niños asustados no nos atrevemos a mirar debajo de nuestra cama, debajo de la superficie que hemos creado y consideramos nuestra vida.

Mejor dejarlo ahí y seguir soñando con que algún día desaparezca. Que algo externo acalle su hambre y lo sacie. Entonces podremos descansar en paz, tranquilos y felices al fin.

Pero ese momento se demora y todo lo que hemos probado no ha surtido efecto, no de manera permanente. Al final la tapa siempre vuelve a moverse, otras veces simplemente salta por los aires.

¿Has intentado alguna vez mantener una pelota grande de playa bajo el agua durante un tiempo? Cuesta y cuando menos te lo esperas te salta en la cara. ¡Aquí estoy!, dice. Y vuelta a empezar...

¿Hasta cuando?

- El vacío se llena desde dentro y no desde fuera, escucho. ¿Será verdad?

Son ya muchas las veces que he intentado llenarlo desde fuera y parece que no funciona. Pero quizás el próximo libro, la próxima relación, el próximo contrato, trabajo o curso hagan que se sacie. 

¡Ya no me lo creo! Hay algo que me dice que ese camino ya lo he andado y su lema es "Busca y no Halles". Es una vía muerta. 

¡Estoy cansada de creerme que se adonde voy o lo que necesito! 

¿Hay alguien ahí? ¡HELP!

Si hay que llenarlo desde adentro, ¿por donde empiezo?

- Vamos a tener que mirarlo, dice la Voz.

¡Uff! ¡Qué pereza!, pienso.

- Pero no te preocupes porque yo seré tu guía, te daré la mano y juntos avanzaremos hacia el vacío, escucho.

¿Quien eres?

- Soy TÚ.

..... (¡Me estaré volviendo loca! ¿A estas alturas oyendo voces en mi cabeza?)

Puede que me esté volviendo loca pero quiero confiar. Ha llegado el momento de mirar al vacío. Lo se. No puedo explicarte porque lo se, pero lo se.

- No será fácil, dice la Voz pero yo estaré allí contigo. ¡Juntos miraremos eso que tanto evitas!

Y tampoco puedo esgrimir razones para creerle, pero le creo. O a lo mejor simplemente quiero creerle...

El abismo se abre frente a mí, es inmenso y me asusta.

Ahora intuyo lo que debió sentir Indiana Jones en "la Última Cruzada". ¡Quizás al igual que él sólo necesite un SALTO DE FE! Confío....

¡Ahora si que me he vuelto loca! Indiana Jones no existe, Iciar. Es un personaje de película. ¡No es real! Y vas tú y lo tomas como modelo. ¡Loca de remate, lo que yo te decía!

- El tú que está escribiendo esto tampoco lo es, real digo, escucho susurrar.

Esto cada vez se pone más interesante. Vale listillo, si yo no soy real, ¿quien soy?

- En el vacío está la respuesta, dice sonriendo.

Ya sabía yo que no había escapatoria.

- Si quieres saber quien eres en realidad tendrás que caminar hacia ese vacío ya que sólo él tiene la respuesta. Eso que tanto has estado buscando siempre ha estado ahí. Eso que tanto temes en el fondo oculta lo que siempre has deseado y buscado fuera. ¡Tú decides! Puedes seguir demorando ese momento o puedes empezar ahora.

¡Siento miedo!

- Lo se, me transmite sin voz. Te tienes miedo. Tienes miedo de lo que verdaderamente eres. Te has acostumbrado a tu personaje, querida Indiana... Pero ha llegado el momento, no necesitas nada más. No hay nada que nunca hayas necesitado, pero ahora ya estás preparada para comprenderlo. Pero la comprensión no hará que el vacío se llene, sólo la experiencia lo colmará. ¡Es el momento! ¡Dame tu mano!

Cierro los ojos, respiro profundo, y confío... ¡Es el momento!

© Iciar Piera Iglesias

"Muchas veces tenemos la sensación de que moriremos si permanecemos en ese vacío, y en cierto sentido es verdad. Un sector de la personalidad morirá si no seguimos intentando llenarlo. Pero hay algo más profundo... Este vacío es muy espacioso y no es en absoluto deficiente. Es el comienzo de la apertura a nuestro auténtico ser, al espacio vacío en el que todo surge, a los cimientos de nuestra naturaleza fundamental" Sandra Maitri

PD: La foto es de Gregory Colbert.









miércoles, 11 de abril de 2012

El Silencio Habla



"Cuando pierdes contacto con la quietud interior, pierdes contacto contigo mismo. Cuando pierdes contacto contigo mismo, te pierdes en el mundo. Tu sentido más interno de ti mismo, tu sentido de quién eres, es inseparable de la quietud. Ése es el Yo Soy que es más profundo que el nombre y la forma." Eckhart Tolle

El silencio habla. ¡Qué curioso que algo que no contiene palabras, ni sonidos, pueda hablar! Estamos acostumbrados a utilizar nuestros sentidos físicos para expresarnos, el lenguaje para comunicarnos y el oído para escuchar.  Entonces, ¿cómo podemos comunicarnos o escuchar en el silencio, en la total ausencia de sonidos?

Y sin embargo, el silencio habla, aunque sus palabras tienen una tonalidad diferente, un ritmo pausado, una alegría inherente. 

En el silencio me escucho, escucho aquello que verdaderamente Soy. No a través de sonidos sino de sensaciones que puedo traducir en palabras. Las palabras que utilice no podrán reflejar la belleza de lo que escucho pero su eco llevará el susurro de aquello que está por detrás, de la misma forma que la caracola no nos trae el sonido del mar pero nos lo recuerda.

El silencio te recuerda lo que ya sabes. Te lo recuerda. No es algo nuevo, es un eco, un sentir de algo que siempre estuvo ahí a lo que ahora estás prestando atención.

El silencio te devuelve tu propia voz, sin voz.

Te encuentras con Él en ese instante. Y descubres que siempre estuvo ahí para ti. Tú lo habías escondido pero Él nunca se escondió de ti.

Decidiste jugar al escondite, como un niño travieso, y luego te olvidaste de que estabas jugando, y te creíste que lo habías perdido. Pero Él seguía ahí donde tú lo habías ocultado, esperando a que fueses a buscarlo. Tranquilo, sosegado, sabiéndo que al final recordarías e irías a su encuentro.

Ahora ya lo has recordado, has escuchado su susurro que te invita de vuelta a casa. Has escuchado su llamada y no puedes obviarla, no quieres hacerlo.

El silencio habla y en él nos encontramos. 

¿Puedes oírlo?

© Iciar Piera Iglesias