miércoles, 26 de noviembre de 2008

No andamos solos


Una noche, un hombre soñó que caminaba a la orilla del mar con la Fuente Divina de todas las cosas y, conforme andaban, las escenas de su vida refulgían en el cielo por encima de ellos. La mayor parte del tiempo veía dos grupos de huellas de pasos en la arena para cada escena, pero muchas veces, a lo largo del camino, sólo había un par de huellas de pasos, a menudo en los momentos más oscuros y tristes, lo cual hizo que el hombre se sintiera muy turbado.

Se volvió a la figura que iba a su lado y le dijo, "Te busqué y traté de servirte durante todos mis días. Pensé que, a cambio, te preocuparías por mí, pero ahora veo que durante los momentos más difíciles de mi vida estuve solo. No comprendo por qué me dejaste cuando más te necesitaba".

La Divina Inteligencia replicó, "Mi querido hijo, siempre estás en mi corazón y no te abandonaría ni en los tiempos de grandes dificultades. Cuando viste sólo un par de huellas de pasos en la arena, era yo, que te llevaba en mis brazos".

Mary Stevenson





4 comentarios:

Atlantica dijo...

Que bello cuento, me ha emocionado porque asi somos las madres con los hijos

Un abrazo

Nerim dijo...

Desde que nacen llevamos a nuestros hijos en brazos, siguiendo siempre sus pasos sin hacernos notar y sin dejar de apoyarles en todo.
A cambio, solo esperamos que no nos dejen solas cuando más los necesitamos.
Hermoso cuento de Mary Stevenson que tenía casi completamente olvidado.

Neurotransmisores dijo...

Los humanos necesitamos la compañía como el comer.

Saludos.

Iciar Piera Iglesias dijo...

Gracias a los tres por vuestros comentarios.
Realmente es un cuento precioso.

Iciar