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lunes, 12 de marzo de 2012

Mi punto de vista...


Esta entrada viene como respuesta a un comentario que se planteaba en el último artículo titulado "NoMiedo: Atrévete!".


Hola Icíar.

Pienso que no hay que ensalzar el hecho de enfrentarse al miedo. Eso lleva fácilmente a sentirnos culpables y cobardes cuando no es así. A veces el hecho de enfrentarte al miedo no te aporta nada. Simplemente lo pasas mal. No se puede garantizar que siempre merece la pena atreverse, y la tolerancia o nivel de consciencia de la persona frente al miedo es algo que hay que respetar.

Gracias.

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Gracias Alberto por compartir tu punto de vista. Esta entrada fue escrita hace tres años (los lectores fieles a este blog ya se habrán dado cuenta de que no es nueva) pero esta semana "misteriosamente" se activó como entrada nueva al añadir una funcionalidad nueva al blog. No lo vi hasta el día siguiente y no le di demasiada importancia. Luego al ver tu comentario volví a leerla y recordé la situación y el momento que inspiró lo escrito y una sonrisa apareció de nuevo. Luego volví a ver el vídeo y me emocionó lo mismo que la primera vez que lo vi. Gracias por ser el "impulso" para estos dos momentos...

Creo que siempre que elegimos el "no miedo" estamos eligiendo en favor de nuestro Ser, ya que él es paz y amor y no miedo. Siempre que una situación nos despierta una emoción, del tipo que sea, nos está dando la oportunidad de elegir con que maestro queremos verla. Si la vemos con el "ego", el causante de esa emoción, puede que reaccionemos y entonces pensemos que es esa persona, esa situación o eso que he leído lo que está provocando que yo me sienta culpable cuando no se trata más que de nuestro ego jugando al despiste y haciéndonos mirar fuera donde no está la solución. Otra de las estrategias del “ego” es negar lo que estamos sintiendo ya que es doloroso para nosotros y hacer como que no pasa nada o pintarlo de un color más bonito para rebajar el impacto. Entonces evitamos situaciones o personas porque pensamos erróneamente que eso es lo que nos hace sentir mal. El “ego” o nuestro “yo pequeño” como yo lo llamo, siempre va a querer evitar que “sientas” la emoción y para ello utilizará uno de estas dos estrategias, la proyección (ver entrada de "la sombra me persigue") o la negación.

Nuestro Ser o el “Yo grande” como yo lo llamo, no siente miedo ya que su naturaleza es paz y por lo tanto sabe que no te va a pasar nada por sentir esa emoción. Es como cuando un niño (“yo pequeño”) tiene pesadillas por la noche y su padre (“Yo grande”) le tranquiliza porque sabe que sólo son sombras o ilusiones que no tienen poder sobre él. Cuando elegimos como maestro a Nuestro Ser simplemente reconocemos la emoción y luego pedimos su ayuda para que corrija realmente la causa de esa proyección que siempre está en nuestra mente (ver entrada de Ho’oponopono el apartado de causa y efecto). Desde ahí luego hacemos lo que nos sintamos inspirados a hacer. Si elegimos como maestro al Espíritu, esa situación se convierte en una oportunidad para elegir el “no miedo” y de esta forma acercarnos a nuestra naturaleza de paz. Creo que siempre que elegimos el “no miedo” hay una consecuencia aunque no siempre aparezca bajo la forma que esperamos y por eso tengamos la sensación que de no nos aporta nada.

En ocasiones elegiremos a favor del “no miedo” y en otras a favor del “miedo”, si es así se nos dará una nueva oportunidad de elegir ya que el miedo seguirá ahí y volverá a salir a la superficie una y otra vez hasta que decidamos mirarlo de frente. Nuestro Ser no está preocupado porque sabe que en algún momento le elegiremos a El como “guía”. Nuestro Ser lo único que nos pide es “elígeme a mí”. Si me eliges a mi te darás cuenta mirando a ese miedo que el mismo no existe y dejarás de sufrir. Sólo te plantea una pregunta, ¿hasta cuando quieres seguir sufriendo? Y esperará pacientemente a que estés preparado para elegirle como compañero de viaje.

No podemos elegir las situaciones que vamos a vivir (si esto no fuera cierto ninguno de nosotros habría elegido algunas de las experiencias que le ha tocado vivir), no podemos elegir lo que otro va a decir o a hacer, pero si podemos elegir con que maestro queremos ver esa situación. Uno nos aportará paz, el otro sufrimiento.

He elegido muchas veces a favor del miedo y todavía en ocasiones me cuesta escoger como maestro al Espíritu, pero mi experiencia me dice que siempre que he elegido el miedo como compañero de viaje he acabado sufriendo. Por supuesto esto es simplemente mi punto de vista y lo que puedo decirte Alberto es que elijas a favor de tu Espíritu. Que lo elijas como tu guía y el corregirá con cariño todo aquello que aparenta ser dificultad y te ayudará a volver a tu verdadera esencia que es paz.

Como dice Rumi, “tu tarea no es buscar el amor, sino tan sólo buscar y encontrar todas la barreras internas que has creado contra él.”

Un abrazo






viernes, 2 de marzo de 2012

Tú y tu historia


Imagina que al nacer sabes que vas a ser un maestro, o una maestra, que eres sumamente poderoso, que posees unos dones inmensos y que lo único que necesitas para poder entregar tus dones al mundo es tu deseo. Imagina que llegas a este mundo con el corazón lleno del poder sanador del amor y que lo único que quieres es entregar ese amor a los que te rodean. Imagina que tienes una habilidad innata para crear y que tienes todo lo que deseas y todo lo que necesitas. ¿Es posible que en algún momento dado en tu vida hayas sabido que no había nadie como tú en el mundo? ¿Y que en cada fibra de tu ser supieras que no sólo poseías la luz del mundo, sino que además eras la luz del mundo? ¿Es posible que en algún momento supieras quién eras a un nivel muy profundo y que te regocijaras en tus dones? Ahora, tómate unos minutos y fíjate si puedes recordar algún momento en el que supieras la verdad sobre quién eres realmente.

Entonces, ocurrió algo. Tu mundo cambió. Algo, o alguien, arrojó una sombra sobre tu luz. A partir de ese momento, temiste que tú y tu preciado don ya no ibais a estar a salvo en el mundo. Sentiste que si no ocultabas tu don sagrado podrían maltratarlo, dañarlo y quitártelo. En lo más profundo de ti, sabías que este don era un niño (o una niña) precioso e inocente que deberías proteger. Entonces hiciste lo que cualquier buen padre o madre: ocultaste tu magnificencia muy dentro de ti para que nadie pudiera descubrirla jamás, para que nadie pudiera hacerle daño o quitártela. Luego, con la creatividad de un niño, la disimulaste. Creaste una actuación, una persona, un drama, una historia para que nadie sospechase jamás que eras el guardián de tanta luz. Fuiste muy listo - brillante, en realidad - al ocultar tu secreto. No sólo convenciste a los demás de que no eras eso, sino que también te convenciste a ti mismo, y lo hiciste porque estabas siendo un buen padre del don que tenías. Era tu secreto, tu secreto profundo y oscuro, que solamente tú conocías. Fuiste tan creativo que manifestaste exactamente lo opuesto a aquello que en realidad eres, para poder protegerte de las personas que pudieran sentirse molestas o furiosas por tus dones innatos.

Pero cuando llevabas días, meses y años ocultando tu valioso tesoro, empezaste a creerte tu historia. Te convertiste en el personaje que habías creado para proteger tu secreto. En ese momento olvidaste que tú habías enterrado tu valioso don. No sólo olvidaste donde lo habías ocultado, sino que además olvidaste que lo habías ocultado. Tu luz, tu amor, tu grandeza y tu belleza se perdieron dentro de tu historia. Olvidaste que tenías un secreto.

A partir de ese momento te sentiste perdido, sólo, separado y asustado. Súbitamente, tomaste conciencia de que te faltaba algo, y así era. El dolor de haberte separado de tu tesoro fue como haber perdido a tu mejor amigo. Dentro de ti, anhelas regresar a tu verdadero Yo, de modo que empezaste a buscar fuera de ti algo que llenara ese vacío y que hiciera que te sintieras mejor. Buscaste en las relaciones, en otras personas, en tus logros y recompensas, intentando encontrar aquello que te faltaba. Buscaste en tu cuerpo y en tu cuenta bancaria, intentando recuperar ese sentimiento. Quizás tú, al igual que yo, te sintieras impulsado por unos sentimientos de falta de valía que estaban en un lugar tan profundo que te pasaste la mayor parte de tu vida buscando frenéticamente algo que te hiciera sentir completo. Pero buscaras donde buscaras, acababas sintiéndote vacío.

Extracto del libro, El Secreto de la Sombra, de Debbie Ford.

En otra entrada de este blog compartimos la película "El Efecto de la Sombra" que merece la pena ver.






miércoles, 28 de septiembre de 2011

Ho'Oponopono


“No existe nada en el universo si no existe en tu pensamiento”

Hace unos años oí hablar de una técnica hawaiana de sanación de nombre impronunciable, Ho’oponopono. Lo que más me llamó la atención fue leer que su creador el Dr Len había vaciado toda una planta de enfermos mentales de un hospital psiquiátrico utilizando esta técnica milenaria. Y lo más curioso es que para ello no necesitó visitar a ninguno de los pacientes, simplemente cada día se sentaba y limpiaba en él lo que había provocado que esas personas se comportasen como lo hacían. 

Ho’O significa “causa” en hawaiano y Ponopono significa “perfección”. Ho’Oponopono significa “perfeccionar la causa” o “rectificar un error”. Según los antiguos hawaianos, el error proviene de pensamientos que se mancharon con las memorias dolorosas del pasado. Ho’Oponopono ofrece una forma de liberar la energía de estos pensamientos dolorosos, o errores, que son los causantes del desequilibrio y de las enfermedades.

¿Pero cómo pudo alguien vaciar una sala de un hospital entera sin ni siquiera ver a los pacientes simplemente trabajándo en él mismo?

Uno de los conceptos más largamente extendidos últimamente es el de que nosotros creamos nuestra realidad. Somos creadores. Esto quiere decir que todo lo que está en tu realidad, está ahí porqué tú lo has creado a través de tus pensamientos y tus creencias. Ese todo incluye la habitación y todo lo que en ella se encuentra, las situaciones a las que en este momento haces frente en tu vida, te gusten o no, y las personas con las que te relacionas o con las que compartes tu vida o tus experiencias. Cuando decimos todo, es TODO.

Seguro que habrás oído la frase de que CREAMOS lo que CREEMOS, es decir son nuestras creencias las que determinan nuestras experiencias vitales. Esas creencias o programas repetitivos son la “causa” y la situación que vivimos es el “efecto”.

Causa y Efecto

Uno de los mayores errores con los que habitualmente nos enfrentamos es que ante una situación que no nos gusta, sea esta económica, de trabajo o de cualquier otro tipo tendemos a actuar sobre el “efecto”, lo que está pasando en lugar de centrarnos en la “causa” lo que lo provoca. Eliminar el “efecto”, sea esto cambiar de trabajo, implementar un nuevo producto, enviar otra solicitud, no es la solución ya que si la “causa” continúa lo único que veremos es una “repetición” de más de lo mismo pero en un ambiente diferente. ¿Te suena?

Algo que me resultó curioso y me hizo pensar cuando empecé a investigar sobre esta técnica es una pregunta que te planteo: Piensa en tus problemas, todo aquello que te preocupe o te inquiete en este momento. ¿Ya lo tienes? Bien, ahora va la pregunta, ¿Qué tienen en común todas estas cosas? Te dejo un poco de tiempo para que pienses…

Cuando estás en tu casa y sigues enfadada por lo que tu jefe te dijo antes de irte, ¿Dónde está tu jefe? (probablemente en su casa tranquilamente…) Si tu jefe ya no está presente, ¿Dónde está “tu jefe”?

Seguramente habrás llegado a la conclusión de que lo que tienen en común todos tus problemas es a TI… ¿Curioso? ¿No te has dado cuenta de que siempre que TE pasa algo, tú estás presente?

Todos nuestros problemas tienen algo en común, NOSOTROS MISMOS. Por lo tanto ¿no cabría pensar que el origen de todos esos problemas estuviese en algún lugar dentro de nosotros en lugar de ahí afuera?

Seguro que habrás ido alguna vez al cine, te habrás sentado en tu butaca y te habrás enfocado en la pantalla con tus palomitas (si te gustan) a la espera de que la “proyección” o la “película” empiece. A pesar de que la película se “proyecta” sobre la pantalla y tú la ves allí, sabes que realmente donde está es en el proyector. Si la imagen está desenfocada, no se te ocurriría corregirla sobre la pantalla sino en el proyector.

Tenemos por lo tanto, la película, la pantalla de cine y el proyector.

La película es lo que experimentamos. Puede ser una película de miedo, o una película de amor, una película que nos provoque una sonrisa o un melodrama. La película es nuestra vida.

La pantalla de cine es sobre lo que proyectamos esa película, es lo que vemos ahí afuera. La situación que nos molesta, la persona que nos saca de quicio, la enfermedad que no nos deja vivir, etc.

El proyector es nuestra mente donde realmente se encuentra el origen o la “causa” de eso que vemos y experimentamos. ¡Realmente la película está en nuestra mente! Todo lo que vivimos no es más que un guión que nosotros escribimos y en el que invitamos a determinadas personas a participar. Si la película no te gusta, ¡cambia el guión! ¡Tú eres el director!

Si nuestra mente está en paz, experimentaremos paz independientemente de las situaciones que tengamos que afrontar. Si nuestra mente por el contrario está en guerra, eso será lo que experimentaremos día a día.

Todo cambio por lo tanto tiene que hacerse sobre la “causa”, el pensamiento o los programas repetitivos que tenemos en nuestra mente que están generando el “efecto” que observamos y queremos modificar.

El Ho’Oponopono es una técnica en la que asumes el 100% de responsabilidad sobre lo que acontece en tu vida.

Si la causa está en mí, en los programas y las memorias que tengo en mi mente, yo soy 100% responsable de todo lo que sucede en mi vida. (Fíjate bien que digo “responsable” y no “culpable”)

Si por ejemplo no encuentro trabajo, el problema no está en el gobierno, en la crisis, en que no sepa que quiero conseguir, en que nos tenga "padrino", en mi mala suerte, etc. Eso sería el “efecto”. La “causa” estaría en los programas, memorias o creencias que guardo en mi mente subconsciente que están provocando esta situación.

Lo mejor de esta técnica es que no tienes porqué ser consciente de cuál es el programa, creencia o pensamiento que dio lugar a esa situación o emoción. Está situación está ahí como una oportunidad para cambiar tu percepción o “corregir el error” que dio lugar a esa vivencia. De hecho es muy difícil que sepas cual es la “causa” que está actuando dado que la mente consciente solo puede procesar 15 bits de los 15 millones de bits que ese suceso contiene. De ahí que en ocasiones nos rompamos la cabeza intentando saber o comprender un suceso que está pasando para acabar agotados y con la misma poca claridad que al principio. Lo mejor es lo que tantas veces hemos oído de confiar, rendirnos y soltar esa necesidad de comprender o saber.

Si piensas en un iceberg, la mente consciente sería la parte que sobresale del agua y la mente subconsciente la parte que está sumergida. De ahí que en ocasiones aunque conscientemente pongamos la intención en algo, le demos energía y enfoque, no lo consigamos dado que la “resistencia” desde nuestra mente subconsciente es muchísimo mayor que el impulso que estamos poniendo desde nuestra parte consciente. Esta es la razón de que “el secreto” no siempre nos “funcione” dado que en la fórmula del “Pide y se te Dará” el paso de “permitir” depende de nuestra mente “subconsciente”.
El propósito de la vida es ser restaurada de regreso al Amor, momento a momento. Para alcanzar este propósito, el individuo debe reconocer que él es 100% responsable por haber creado su vida tal cual es. Él debe llegar a ver que son sus pensamientos los que han creado su vida tal cual es, momento a momento. Los problemas no son las personas, no son los lugares, no son las situaciones, sino los pensamientos que tenemos a cerca de ellos. Él debe llegar a comprender que no existe tal cosa como “allá afuera”. Dr Ihaleakalá Hew Len

La técnica es muy sencilla y muy efectiva. La he puesto en práctica en muchas situaciones con resultados increíbles. Simplemente asumes el 100% de la responsabilidad de lo que está pasando, te pides perdón por tu precepción errónea (dado que no estamos viendo la realidad de esa situación sino sólo el reflejo de las memorias o programas que tenemos en nuestro subconsciente), das las gracias por la oportunidad de ser consciente de algo en tu subconsciente (que no podrías saber que está ahí si esa situación no te lo reflejase) que necesitas limpiar o sanar y dices te amo ya que todo problema no es más que una falta de amor.

Si esta entrada te ha “intrigado”, te dejo un webminario donde podrás aprender cómo empezar a ponerla en práctica.

 

De momento ya puedes empezar simplemente diciendo: “Lo siento, Te amo” (ocurren milagros cuando simplemente aplicas estas dos palabras a una situación o a alguien asumiendo que lo que estás viendo no es más que una proyección de tu mente subconsciente, que asumes la responsabilidad sobre lo que está pasando y quieres liberarlo).

Cuando le preguntaron al gran maestro Miguel Angel acerca de su obra “El David”, él dijo: “La imagen siempre estuvo ahí, lo único que hice fue remover unos cuantos escombros para descubrirla.”
Nuestro SER siempre ha estado ahí, esperando a que le liberemos de toda la basura (¡PU!) que le hemos echado encima.

Lo siento, te amo.

© Iciar Piera Iglesias


NOTA: Mabel Katz estará en Madrid el 12-13 de Noviembre impartiendo un seminario de Ho'Oponopono. Si estás interesado en asistir envíame un mail a través de mi página web con tu dirección y te haré llegar la información.






lunes, 20 de diciembre de 2010

El regalo de la sombra... ¡Sorteo de libros!


¿Por qué la gente buena hace cosas malas?

Esta parece ser la pregunta que sobrevuela en el libro "Luz en la sombra" de la Editorial Urano. En este blog ya hemos hablado alguna vez de la sombra a través del trabajo de Debbie Ford.

En esta ocasión la sombra viene acompañada de un "regalo". Gracias a la generosidad de la Editorial Urano, esta entrada del blog tiene premio.

He leído este libro con gran placer devorando sus páginas. "Luz en la sombra" es el resultado de la unión de tres "grandes" de la espiritualidad: Deepak Chopra, Debbie Ford y Marianne Williamson.

En la primera parte Deepak Chopra nos presenta una extensa visión de nuestra naturaleza dualista, del bien y el mal y del origen de la "sombra colectiva", y nos da la receta para regresar a la compleción, a la totalidad.

En la segunda parte, Debbie Ford nos habla de la sombra individual. Es la parte que más he disfrutado de este libro ya que admiro profundamente la forma que tiene de escribir y transmitir conceptos aparentemente complicados de manera sencilla y amorosa. Nos explica su origen, su papel en nuestra vida y como podemos recuperar el poder y el brillo de nuestra auténtica naturaleza.

El proceso pasa por identificar en primer lugar cual es la cualidad de la sombra que no estamos aceptando y la forma de identificarla es a través de la proyección, lo que no nos gusta de los demás, aquello que criticamos en el otro, aquello que juzgamos y nos provoca una emoción. Una pregunta que ayuda es ¿Qué persona haría eso que juzgamos, criticamos, odiamos, etc? La respuesta a esta sencilla pregunta nos ayuda a iluminar la sombra, aquella parte de nosotros que rechazamos y proyectamos en los demás. Otra forma de identificar la sombra es a través de esos hábitos que nos cuesta erradicar en nosotros, lo que queremos conseguir y no acabamos de lograr. En este caso la pregunta anterior es igualmente válida.

Una vez identificada la cualidad el siguiente paso es observar en nuestra propia vida donde nosotros nos estamos comportando como esa persona. Esta es la parte que más suele costar ya que implica grandes dosis de sinceridad y en ocasiones dolor al ver reflejado en nosotros esas conductas que tanto nos disgustan. Pero es un paso esencial ya que todo lo que vemos fuera es un reflejo de nuestro interior y no podemos cambiar el exterior a menos que llevemos a cabo un cambio interno. Identificar en que momento de nuestra vida se formó esa cualidad es un proceso valiente ya que normalmente esos momentos van unidos a heridas emocionales que encerramos en el fondo de nuestra subconsciente y que desde ahí han dictado nuestras conductas y hábitos.

El último paso es trascender la sombra, aceptarla y quererla. Toda cualidad rechazada lo es porque sólo estamos viendo una parte de la ecuación. La estamos viendo como algo "negativo" pero también tiene un "regalo" para nosotros. Regalo que no podremos disfrutar mientras la mantengamos fuera de nuestra conciencia. Para algunas personas ser "egoísta" es negativo y mantienen esta cualidad en el saco de su sombra. Pero el "egoísmo" también tiene una parte positiva al poner tus necesidades por delante de las de los demás, tomarte tiempo para ti misma, satisfacer tus propias necesidades y llenarte para luego poder compartir con los demás. Si esta cualidad la tenemos en la sombra nos costará por ejemplo decir que no a los requerimientos de los demás, tomarnos tiempo para nosotros mismos, saber que es lo que en el fondo necesitamos y queremos, etc.

Trabajar con la "sombra" es un viaje apasionante lleno de regalos por descubrir.

En la tercera parte, Marianne Williamson, nos reta a sacar nuestro máximo potencial, a brillar, ya que el amor y la expresión de nuestra naturaleza divina es la única forma de trascender la oscuridad. Dejar salir nuestro "Yo Grande" ya que el "yo pequeño" herido es el responsable de la parte oscura de nuestra existencia.

Y ahora os toca a vosotros disfrutar del "regalo" de la sombra gracias a la iniciativa de la Editorial Urano. Escribe un comentario en esta entrada (no te olvides de añadir tu nombre para que nos podamos poner en contacto contigo, los comentarios sin identificación no entrarán en el sorteo) y entrarás en el sorteo de ¡un lote de 4 fantásticos libros!:

- Luz en la sombra, Deepak Chopra, Debbie Ford, Marianne Williamson
- El efecto gratitud, John Demartini
- Feliz porque sí, Marci Shimoff
- Pase lo que pase no es el fin del mundo, Joan Borysenko

El próximo día 3 de enero de 2011 se sorteará entre todas las personas que hayan escrito un comentario en esta entrada un lote con los 4 libros antes descritos. ¡Tienes hasta el día 2 de enero para comentar esta entrada y puedes ser el afortunado!

Y si estás interesado en la temática de este blog y quieres estar al tanto de nuevas propuestas o contenidos, sólo tienes que suscribirte en el apartado "Para recibir artículos blog" que está en la parte derecha.

Creo que no hay mejor forma de agradeceros a todos vosotros vuestra fidelidad a este blog y vuestros comentarios y reflexiones que lo enriquecen. Sin vosotros este espacio no tendría sentido.

Gracias a todos y que en el 2011 tengamos la oportunidad de seguir compartiendo. ¡Feliz Navidad!

¡Suerte!

¡EL SORTEO YA ESTÁ CERRADO! En la próxima entrada, el ganador!

miércoles, 27 de octubre de 2010

La "sombra" me persigue


  
"Si alguien me despierta aversión o si me sorprendo ignorando o evitando a alguien en un grupo, probablemente estoy huyendo de un rasgo mío que esa persona exhibe. Si algo que tú haces me irrita quiere decir que tu falta también es la mía. La crítica que me hiere es aquella que hace resonar mi propia condenación." Hugh Prather

Desde que vi la película de Debbie Ford, "El efecto de la sombra", quería compartirla con vosotros. Y esta semana, por esas "casualidades" de la vida he tenido la sensación de que la "sombra" me persigue. Me explico. El lunes tenía pensado escribir esta entrada y para relajarme decidí irme al starbucks a tomar un café mientras lo escribía. Me senté, como suelo hacerlo, cerca de la ventana y me puse a leer algo que tenía que preparar para luego dejar tiempo para la escritura. En la mesa de al lado estaban dos chicas sentadas una enfrente de la otra. Hablaban un poco alto y dado que soy "cotilla", empecé a interesarme por su conversación.

Una de las chicas hablaba, con bastante enfado, de su madre. Le molestaba que fuese tan "controladora", que siempre que la llamaba o iba a verla le preguntase que había hecho, con quien había estado. Decía que parecía un sargento al que había que darle el parte.

Su amiga la escuchaba y en un momento dado le dijo, con cierta mano izquierda, que ella también era controladora. Que cuando llegaba al trabajo siempre preguntaba a las compañeras que habían hecho el fin de semana, que donde habían comprado la chaqueta que llevaban, e incluso que esta mañana le había comentado a ella que hacia dos días que no veía su coche cerca de su casa y que si no había dormido en casa.

Que decir tiene que la primera chica cuando oyó la palabra "controladora" trataba de justificar su comportamiento, con uñas y dientes, ya que por su energía y tono de voz se notaba que el que alguien pudiese pensar que era "controladora" era algo que la sacaba de quicio. Ella "no era controladora" decía. Ella se preocupaba por los demás. Si preguntaba donde habías estado el fin de semana, era para interesarse por ti. Si quería saber donde habías comprado algo era porque quería comprárselo ella y el tema del coche era simplemente una anécdota.

Resulta curioso que ella viese sus comportamientos como "preocuparse" ó "interesarse" y sin embargo no viese que esa podía ser la razón de la forma de actuar de su madre.

Como digo, cada vez que la segunda chica le decía que ella creía que si que era "controladora" la primera se ponía a la defensiva, de forma un tanto agresiva, y trataba por todos los medios de hacerle entender a su amiga que ella "no era así".

La sombra es lo que no nos gusta de nosotros, seamos conscientes de ello o no como en el caso de la chica del starbucks. Lo que más odiamos en los demás, como dice la frase que encabeza esta entrada, es algo nuestro que nosotros no vemos y que por lo tanto proyectamos en los demás. Esto es lo que se denomina la técnica del espejo.

Si te das cuenta uno no puede verse a si mismo hasta que se pone delante de un espejo. Cuando estás delante del espejo ves realmente tu imagen. De igual forma las personas de nuestro entorno están constantemente reflejándonos partes de nosotros que nosotros no vemos en nosotros o no reconocemos por tenerlas "asociadas" a algo negativo. En el caso de la chica del starbucks su madre le reflejaba su parte "controladora" pero como ella tenía asociada esa cualidad a algo negativo no la aceptaba en ella. Ella "no era así". Siempre que decimos que "yo no soy así", nos estamos proyectando. Sorpresa

Cuando tú te pones delante del espejo y no te gusta tu imagen, no le pides a la imagen que cambie su aspecto. Si te ves gorda no te pones a regañar al espejo y le empiezas a decir: "¡A ver cuando dejamos de ir al starbucks!". Ruborizado Sabes que si quieres que tu imagen sea diferente la que tienes que cambiar eres tú.

Lo mismo ocurre con la proyección con las personas de nuestro entorno. Si no nos gusta lo que vemos, tenemos que identificar la cualidad que nos proyectan, reconocerla en nosotros, ver donde nosotros estamos actuando como ellos y aceptar esa cualidad en nosotros. Sólo así conseguiremos que la imagen, la proyección cambie.

En otra entrada explicaremos cómo se trabaja con la "sombra" y la "técnica del espejo". Requiere un poco de práctica y sobretodo graaaaaaaaaaaaandes dosis de sinceridad con nosotros mismos.

Si algo de lo que has leído en esta entrada hace que tus resortes salten y empieces a "moverte en la silla" ó a "justificar" que eso no es así o que tú no eres como tu madre, compañera de trabajo, marido, etc., mira un poco más profundamente. Tu propia "negación" es un indicador de que ahí existe algo importante para ti. Una cualidad que necesitas integrar y que esa persona, que es un GRAN MAESTRO, te está ayudando a re-conocer.

Date cuenta que siempre que señalas a alguien hay tres dedos que apuntan hacia ti. Guiño

Te recomiendo dos libros muy interesantes sobre este tema. El primero es de Debbie Ford, coach americana especializada en la "sombra" y autora también de la película que aparece abajo y que te recomiendo encarecidamente que veas. El libro se titula "El secreto de la sombra". El segundo libro me lo regaló ayer una clienta (gracias Inés, ¡tengo unos clientes muy generosos!) y se titula: "La ley del espejo".

Que disfrutes de la película....



© Iciar Piera Iglesias

jueves, 4 de mayo de 2006

El espejo de las relaciones


"Si alguien me despierta aversión o si me sorprendo ignorando o evitando a alguien en un grupo, probablemente estoy huyendo de un rasgo mío que esa persona exhibe.

Si algo que tú haces me irrita quiere decir que tu falta también es la mía.

La crítica que me hiere es aquella que hace resonar mi propia condenación"

Hugh Prather